1.-Propósito.
Yo quisiera poner de relieve en la efeméride de su onomástica la actualidad del pensamiento de Jovellanos en materia de religiosidad, es decir, que su actitud frente al hecho religioso puede ser emulada hoy por cualquier cristiano comprometido con su condición de ser racional y a la vez con su opción religiosa. Jovellanos quiere racionalizar su fe, pero se encuentra con una serie de «estorbos», incluso dentro de la misma Iglesia católica; son bien conocidos sus encontronazos con el cardenal Lorenzana («el tonto del Cardenal»); con el obispo de Lugo, Peláez Caunedo, o con el párroco de Somió, López Gil, delegado de la Inquisición, que supervisaba frecuentemente la biblioteca del Instituto en busca de libros prohibidos; Jovellanos se siente hijo de la Iglesia católica a la que ama y a la que quiere servir como institución divina despojándola de adherencias incompatibles con un cristianismo más auténtico; esto produce roces y resquebrajamientos; adopta frente al hecho religioso una actitud reformista. De alguna manera y en algunos aspectos, Jovellanos se adelantó al concilio Vaticano II; me lo comentaba con frecuencia el profesor Caso González, el inolvidable maestro, quien en su tesis doctoral mecanografiada, que pude manejar en numerosa ocasiones, tenía muchos recortes del periódico «Le Monde» sobre las crónicas diarias de dicho concilio en la década de los sesenta del pasado siglo; el añorado profesor Joël Saugnieux, con quien trabajé durante trece años en aspectos religiosos del siglo XVIII, desde su agnosticismo confeso, admiraba el reformismo social que subyace en el Informe sobre la Ley Agraria, que, según él, presagiaba aspectos desarrollados por la «Mater et magistra» de Juan XXIII. En 1911, I Centenario de la muerte de Jovellanos, fray Bernardo Martínez Noval, natural de Valdesoto, misionero agustino y obispo de Almería, escribirá una biografía de Jovellanos reivindicando la actualidad de su pensamiento religioso en un momento poco propicio para nuestro prócer. Recientemente conocimos, de la pluma de Javier Gómez Cuesta y el aval de Domingo Benavides, máximo experto en el tema, la admiración que por Jovellanos sentía el padre Arboleya, uno de los sacerdotes más comprometidos con la doctrina social de la Iglesia; este erudito sacerdote dirá que la «reforma agraria tal como la propone Jovellanos se basa en los mismos criterios de carácter social de los bienes que expone León XIII en su encíclica "Rerum novarum". Un reformista así era lógico que en el tiempo que le tocó vivir y a lo largo del XIX suscitase celos y recelos por parte de quienes estaban apegados a un catolicismo tradicional. Nada nuevo en la historia de la Iglesia desde del cristianismo primitivo hasta los teólogos modernos pasando por los teólogos medievales. Tracemos algunas pinceladas.
