sábado, 5 de noviembre de 2011

MARTIN BUBER

                                                 
"La vida de los seres humanos no se reduce sólo al círculo de los verbos transitivos. No existe solamente en virtud de actividades que tienen por objeto alguna cosa. Percibo algo. Tengo la experiencia de algo. Imagino algo. Quiero algo. Siento algo. La vida del ser humano no consiste solamente en todas estas cosas y en otras semejantes a ellas".






MARTIN BUBER
(1878-1965)

Por Kalman Yaron (1)
Traducción del original en inglés por Alberto de Zunzunegui

El descubrimiento del mundo del Jasidismo –el apasionado movimiento religioso que barrió Europa del Este en el siglo XVIII- ha proporcionado a Buber una inmensa influencia en el pensamiento religioso contemporáneo. A través de la recopilación de cuentos jasídicos, Buber reveló las fuentes de su propia religiosidad -la filosofía de un diálogo permanente entre el hombre y Dios-, tal como se describe en su obra clásica Yo y Tú (1923). De esta manera, los teólogos cristianos aceptan a Buber como el principal intérprete del Judaísmo para el mundo no judío; muchos judíos –como el reconocido erudito Gershom Scholem- le acusan de ser un anarquista religioso; mientras que entre los judíos liberales, está considerado como el portavoz más destacado del Judaísmo de este siglo. (n. del t. : se refiere al siglo XX). Hay quienes sostienen que las enseñanzas de Buber son excesivamente etéreas; que sus ideas exaltadas están reservadas para un círculo limitado de discípulos y académicos; que su pensamiento es irrelevante en nuestro mundo pragmático. Lo que parece claro es que Buber se habría opuesto a la tendencia a contener su legado en una jaula de oro para ser admirada. De hecho, a lo largo de su vida no sólo se ocupó de sus propias inquietudes intelectuales, tales como la filosofía, la sociología y la investigación bíblica, sino que también se preocupó por las cuestiones candentes de su tiempo: el significado de la existencia humana en el mundo moderno; el nacionalismo; la esencia del Judaísmo; el socialismo de los Kibbutz; el Sionismo y el enfrentamiento entre árabes y judíos.

Buber también se dedicó, inicialmente, junto con Franz Rosenzweig (1885-1929), al monumental proyecto de traducir la Biblia hebrea al alemán. Incluso sus teorías más abstractas -tales como el principio del diálogo-, se aplicaron a la psicoterapia, la política, las relaciones humanas y la educación. Por otra parte, durante una gran parte de su vida Buber desempeñó el papel de educador y constituyó una figura destacada en el movimiento sionista. También fue un activista político a favor del diálogo entre árabes y judíos -principalmente en el marco de la Ihud ("Unión"), cuyo objetivo era el establecimiento en Palestina de un estado binacional árabe-judío.

Toda vida verdadera es encuentro

Buber proclama que "en el origen existe la relación". Asume que el ser humano es, por su propia naturaleza, homo dialogus; que uno es incapaz de tomar conciencia de sí mismo sin la comunión con la humanidad, con la Creación y con el Creador. La persona buberiana también se puede definir como homo religiosus, ya que el amor de la humanidad conduce al amor de Dios, y viceversa. La Presencia Divina participa en cada encuentro verdadero entre los seres humanos y radica en los que establecen un auténtico diálogo: "Por encima y por debajo están unidos entre sí. La palabra de una persona que desea hablar con un ser humano sin hablar con Dios es incompleta, pero la palabra de alguien que desea hablar con Dios sin el hombre, sencillamente es inexistente".

El diálogo se basa en la respuesta y la responsabilidad mutuas. La responsabilidad subsiste únicamente donde hay una verdadera respuesta a la llamada de un ser humano. La enseñanza de Buber sobre la respuesta, siempre lleva una referencia sometida a una realidad para ser enfrentada y desarrollada en la "vida vivida". Esto también es cierto en lo que respecta a la “Palabra de Dios", que no debe concebirse sólo como un acontecimiento teológico, sino como una presencia real a la que dar respuesta. Buber afirma que La Biblia da testimonio de un diálogo permanente entre el Creador y sus criaturas; un encuentro en que el hombre es capaz de ser escuchado.

En su conocida obra Yo y Tú, Buber señala la actitud dual hacia el mundo: la relación del Yo-Tú y la relación Yo-Ello. Ni el Yo ni el Tú existen separados; sólo pueden darse en el contexto del Yo-Tú, que precede a ambos en el reino del Yo y el Tú. De forma parecida, tampoco el Yo ni el Ello existen por separado, sino únicamente en el ámbito del Yo-Ello. El absoluto Yo-Tú sólo es válido en lo que respecta a Dios, el eterno Tú, y no puede hacerse plenamente efectivo en otras áreas de la vida, incluyendo las relaciones humanas, que a menudo tienden a naufragar en el ámbito de Yo-Ello.

El determinante real de la relación Yo-Tú y la actitud Yo-Ello dirigida hacia el mundo no está condicionada por la naturaleza del objeto, sino por la forma en que uno se relaciona con ese objeto. Un ser humano es transfigurado en auténtica vida únicamente al entrar en una relación Yo-Tú, confirmando con ello "la alteridad del otro". Contrariamente a lo que sucede en la esfera del Yo-Ello, las relaciones del Yo-Tú demandan un compromiso absoluto: "El diálogo esencial Yo-Tú sólo puede establecerse con el propio ser, mientras que el diálogo esencial Yo-Ello nunca puede producirse con el propio ser en su totalidad. En el centro del diálogo se establece un encuentro entre dos personas soberanas, que no tienen la intención de utilizar o impresionar al otro. Buber afirma que se puede vivir sin el diálogo, pero la persona que nunca conoció un Tú en realidad no es un verdadero ser humano.

Sin embargo, cuando uno se introduce en el ámbito del diálogo asume un considerable riesgo, ya que el Yo-Tú exige una exposición total del Yo, que puede ser completamente negado y rechazado. Mientras que la realidad subjetiva del Yo-Tú se produce en el terreno del diálogo, la relación instrumental Yo-Ello se basa en el monólogo, que transforma al mundo y a la humanidad en un objeto.

En el ámbito del monólogo, el otro es considerado como una cosa entre las cosas, con el que se experimenta y al que se utiliza, mientras que en el ámbito del diálogo el otro es reconocido, percibido y designado como un ser concreto. Buber define monólogo como Erfahrung (una experiencia “superficial” de los atributos externos del otro), o como una Erlebnis (una experiencia interior insignificante), en contradicción con la Beziehung, que sería la relación genuina que se produce entre dos los seres humanos.

Buber se opone tanto el enfoque individualista extremo, que percibe el hombre sólo en relación a sí mismo, y la perspectiva colectiva, que no ve en absoluto a la persona, sino únicamente a la sociedad. Él cree que una persona sólo puede vivir, en el pleno sentido de la palabra, dentro de la esfera interhumana: "en la estrecha franja donde el Yo y el Tú se encuentran; en el ámbito existente entre ambos". El "entre ambos" buberiano no debe ser considerado como  una comunicación rutinaria o como un suceso subjetivo, sino como una realidad existencial, un suceso óntico que efectivamente se produce entre dos seres humanos.

La educación relacional

El auténtico diálogo constituye un fenómeno inusual, ya que el Yo no se encuentra con el Tú más que por azar. Buber supone que uno puede encontrarse con el otro "haciéndole realmente presente” mediante la entrada en su "centro dinámico". “Encontrarse” con un ser humano no es en absoluto sinónimo de empatía. La empatía, según Buber, supone la incorporación de uno mismo en el otro ser y por lo tanto implica renunciar a la propia realidad; mientras que el diálogo es lo opuesto a la auto-limitación, es la extensión del Yo. Esta actitud contradice el enfoque de algunos educadores destacados, como Johann Pestalozzi (1746-1827) y Janucz Korczak (1878-1942), quienes empatizaron con sus alumnos hasta el punto de la auto-negación.

Mientras que Pestalozzi dedicó toda su vida al bienestar de los niños, Korczak “El Padre de los Huérfanos”, acompañó a los niños bajo su cuidado hasta el campo de exterminio de Treblinka.

Buber distingue claramente entre aceptación y afirmación en la relación asimétrica, tal y como ocurre en el ámbito de la educación o la psicoterapia. Obviamente, la educación no puede ser basada en la aceptación incondicional del alumno como realmente es, sino únicamente a través de la afirmación de su ser "tal como ha sido creado para ser". La afirmación no es necesariamente idéntica a un acuerdo, ni tampoco puede negar la tarea del profesor de llevar a su estudiante en "la dirección correcta". Buber señala que las personas que son incapaces de diferenciar entre la aceptación y la afirmación son incapaces de ofrecer ayuda a aquellos que la necesitan. En su artículo “Sanar a Través del Encuentro", describe los casos en los que tuvo que ayudar a otros a encontrar el sentido de su vida, incluso contra sí mismos.

El concepto de "inclusión" en el contexto educativo es uno de las mayores contribuciones de Buber. Inclusión, de acuerdo con Buber, significa la capacidad de producir una sensación dual entre los que participan en el diálogo: experimentarse a sí mismo y al mismo tiempo percibir al "otro" en su singularidad. La inclusión de una persona ocasiona un "conocer" al prójimo tanto física como espiritualmente, en el sentido bíblico de "conocer" a un amante. Buber ilustra esta sensación doble de la inclusión con una metáfora erótica: un hombre que acaricia una mujer que consiente las caricias, de forma inesperada experimenta las sensaciones que se perciben a ambos lados, a través de la palma de su mano y a través de la piel de la mujer. Esta experiencia doble entre dos seres humanos es la actualización de amor, que es la expresión de responsabilidad del Yo para el Tú.

Buber describe las condiciones elementales necesarias para la comunicación, en base a una configuración asimétrica, tal como el proceso educativo, al que se refiere como "un evento experimentado por dos personas en común, en la que por lo menos uno de ellos participa de forma activa; es un hecho que la parte activa de la comunión no pierde nada de sí mismo ni de la realidad de su actividad". El estatus jerárquico entre la persona dominante y la dominada exige no sólo intimidad, sino también distancia. Buber supone que aquellos que se implican emocionalmente de manera excesiva con sus estudiantes (o clientes) están condenados a perder la conciencia de sí mismos y a renunciar a su condición profesional. Sin embargo, pueden darse momentos dialógicos incluso en situaciones de ausencia total de reciprocidad. La noble tarea del maestro consiste en prestar atención a sus estudiantes, a fin de no perder la ocasión de aprovechar las eventuales ocasiones de diálogo, como ya se señaló.

El diálogo requiere dos condiciones esenciales: interlocutores independientes y la libre elección por ambas partes para entablar relaciones. Estas exigencias contrastan fuertemente con la realidad educativa, basada en la dependencia de los alumnos en su maestro. El aula se caracteriza por la ausencia de reciprocidad, dominada por la autoridad ejercida por el profesor sobre los jóvenes estudiantes. La condición de inferioridad del alumno le lleva a renunciar a su propia voluntad y aceptar la decisión del maestro. Por otra parte, el plan de estudios es en la mayoría de los casos dictado por las autoridades escolares, sin tomar en cuenta la opinión de los alumnos y en contradicción con el ambiente de libertad requerido por el diálogo. Más aún, el maestro no selecciona a sus alumnos o alumnas, de la misma manera que los estudiantes no eligen a su maestro; en la mayoría de los casos él o ella les son impuestos. A pesar de la aparente relación jerárquica que prevalece en el proceso educativo, Buber afirma que el ámbito pedagógico es totalmente dialógico. La falta de reciprocidad en la educación puede ser salvada, según Buber, a través de la inclusión unilateral por parte del educador. El maestro debe estar simultáneamente en los dos polos de la escena de la educación: el suyo y el del estudiante. Mientras que el educador es capaz de aprehender el ser de su alumno, éste es incapaz de comprender la complejidad de la personalidad del maestro. El seguidor de Buber, el gran educador Ernst Simon (1899-1988), dijo: "El maestro que se siente ofendido por sus alumnos es un educador deficiente, al no ser consciente del hecho de que él debe entender a sus alumnos, mientras éstos son incapaces de entenderle a él. Cada vez que se altera esta asimétrica situación, la realidad pedagógica entra en una nueva fase, como la amistad o el amor".

Buber indica que la presunción del diálogo constituye el establecimiento de una distancia elemental entre uno mismo y las otras personas. Al establecer una distancia con el entorno, se permite la existencia de contrarios independientes, creando así un "mundo" para relacionarse. La distancia puede ampliarse hasta convertir a la otra persona en un objeto (un Ello), o bien se puede estrechar hasta que se convierte en un Tú impredecible. La distancia es especialmente esencial para las relaciones caracterizadas por la jerarquía. El arte de la enseñanza se expresa en la flexibilidad de los límites de la educación: mediante el establecimiento de una distancia mínima para mantener la disciplina y esforzándose por conseguir máxima intimidad para la promoción del diálogo, ambos esenciales para un aprendizaje genuino.

En su artículo "Parecer y Ser" Buber denuncia la vida falsa de las personas cuya existencia no está determinada por su ser auténtico, sino por la impresión que se desea causar sobre otras personas. Aquellos que viven preocupados por su propia imagen, son totalmente incapaces de escuchar a los otros seres humanos. El educador debe estar realmente presente en el aula. Buber sostiene que la enseñanza en sí misma no significa educar: es el maestro quien educa a través del silencio y la palabra, en los intervalos entre las clases y por medio del discurso ocasional. Pero el maestro educa principalmente a través de su comportamiento, por su mismo ser, suponiendo que él está realmente presente y disponible.

El educador ejemplar y el niño

La situación que plantea la pregunta "¿para qué debemos educar?" es uno de las principales preocupaciones de Buber. Él ve al educador ejemplar en la imagen del líder jasídico –el Zaddik-: "quién hace todo lo que hace de manera adecuada, y cuya principal enseñanza es aquello que permite a sus alumnos participar en su vida y así conocer el secreto de su trabajo". La interacción íntima entre el artesano de la Edad Media y su aprendiz también sirve a Buber como un modelo clásico de la influencia global ejercida por el educador tradicional, que ya no existe hoy en día. Señaló que fue únicamente en el pasado cuando existieron imágenes humanas idealizadas, como el Cristiano, el Caballero, el Ciudadano, el Erudito Bíblico, o el Hasid, con las que se podía responder a la pregunta fundamental sobre el objetivo de la educación.

Buber define la educación como "la configuración del mundo que elige una persona". Esta función se manifiesta en el educador, cuyo papel es establecer orden en la caótica realidad de la vida que invade el alma del niño. Por lo tanto, el educador puede ser descrito como un "filtro", cuya tarea consiste en depurar los diversos mensajes que llegan del entorno. Esta noble función sólo puede ser realizada por el educador que viene en persona a encontrar, entender y formar a su alumno en un contexto dialógico. La función del maestro como un "selector" está en contradicción con el "viejo" profesor, caracterizado por una aceptación pasiva de la tradición derramada desde arriba (simbolizada por "un embudo"), así como la "nueva" educación (representada por "una bomba impulsora"), que dibuja la educación como una corriente de sus propios poderes inmovilistas.

Cuando fallan todas las demás alternativas, surge el verdadero sentido del hombre, el camino hacia el espíritu creador de Dios. Buber postula que la humanidad sólo puede mantener la imagen de Dios, siguiendo sus caminos mediante la Imitatio Dei (la imitación de Dios). En nuestro mundo de confusión y malestar el único camino que queda para el ser humano es el apego a los atributos del Dios oculto, pero no desconocido, tal y como es descrito en la Biblia hebrea: "El Señor es misericordioso y generoso, paciente y abundante en grandeza" (Ex. 44:6). A diferencia del cristiano, que es capaz de imitar la vida de Jesús, el judío se enfrenta a la tarea paradójica de imitar a un Dios sin imagen, en su intento de mantener el elemento de lo divino confiado a él por Dios. En el capítulo final de su ensayo "Educación", escribe Buber: "El hombre, la criatura que forma y transforma La Creación, no puede crearse a sí mismo; pero cada persona puede exponerse a sí mismo y a otros al espíritu creativo. Y puede invocar al Creador para salvar y perfeccionar su imagen".

Buber ve al educador moderno amenazado por la "pasiones del alma": La "voluntad de poder” de Nietzsche y el “Eros” de Sócrates. La voluntad de poder se convierte en dominante cuando la autoridad tradicional del educador comienza a decaer; Eros aparece cuando la supremacía no puede ser ejercida. Mientras que Eros desea disfrutar del otro, la voluntad de poder es la inclinación a controlar a los hombres.

Ambas conductas son precisamente lo que la educación no es: Eros escoge sus favoritos, mientras que el educador moderno encuentra a sus alumnos frente a él en una realidad caótica y no erótica. Además, la voluntad de poder del educador moderno no se puede cumplir, ya que ha perdido su rol como embajador de la sociedad que transmite "la mágica validez de la tradición”.

Más que por Eros la educación está condicionada por el amor: "Porque si Dios forma la luz y crea la oscuridad, el hombre es capaz de amar ambas; amar a la luz en sí misma y a la oscuridad que conduce a la luz". Buber señala el carácter ascético del verdadero educador, quien debe controlar sus deseos por el bien de sus alumnos. Él tiene la noble vocación de influir en sus alumnos a través del intercambio, pero no de interferir en sus vidas, ya sea mediante la voluntad de poder o mediante Eros. En educación, la voluntad de poder debe ser transformada en una comunión, y el Eros en la preocupación por los alumnos. Las fuerzas constructivas del mundo que el niño necesita para construir su personalidad, pueden ser únicamente transferidas a través de las relaciones de Yo-Tú.

El niño, según Buber, está dominado por dos instintos independientes: el “instinto creador" y el "instinto de comunión". Estos dos instintos (y no la "libido" o la “voluntad de poder”) son las claves de la educación. El instinto creador buberiano es la intrínseca tendencia del niño a dar forma y moldear el mundo. Este instinto positivo nunca puede convertirse en avaricia, ya que el objetivo no es "tener", sino que se limita a "hacer". El instinto creador no es suficiente, ya que no conduce a la cooperación y al acto de compartir.

El principiante es un ser solitario hasta que alguien le coge la mano, no sólo como un “creador”, sino como una criatura perdida en el mundo. La tarea del educador verdadero es la de canalizar las fuerzas creativas del niño en la dirección correcta, hacia la comunión.

El "instinto de comunión" es el "anhelo de que el mundo se nos haga presente". Buber ilustra este deseo mediante la descripción de un niño acostado con los ojos medio cerrados en la oscuridad, esperando inquieto para experimentar la comunión con su madre a través de la noche aterradora. Buber indica que una persona equilibrada sólo puede formarse a través de la confianza en la comunión. Por lo tanto, la tarea del educador es la de canalizar la presencia del niño en su propia vida, en comunión. Buber sostiene que "la verdadera libertad es comunión", en lugar de la permisiva educación moderna, que surgió como reacción a la imposición de la tradición. Se opone a la obligación expresada en el texto bíblico: "Aquel que contiene su vara, odiará a su hijo"; sin embargo, también rechaza actitud del “laissez-faire” en la educación moderna. En su lugar, recomienda el ejercicio de una forma modificada de autoridad y crítica, por "la elevación de un dedo", o mediante "una entrevista rápida”. La "libertad", que sirve como clave para la educación moderna, es sólo un medio y no un fin en sí mismo. La antítesis de la compulsión es la comunión, en lugar de libertad ilimitada de la educación contemporánea. En contraste con la moderna auto-afirmación egocéntrica, Buber señala a la auto-realización como un compromiso con la responsabilidad social. La libertad orientada hacia uno mismo, que no deja espacio para otro ser humano, condena al ser humano a un gran aislamiento.

Educación por y para la paz

Buber no se ve a sí mismo como el portador de una misión universal para la humanidad, ni como un guía espiritual para su propia gente. Afirma que no tiene ningún mensaje para entregar; tan sólo puede llevar a cabo una conversación. Los que esperan recibir de él una doctrina firme se sentirán decepcionados. En la oscuridad del desierto no se puede mostrar el camino, sino únicamente aconsejar a la gente que espere hasta el amanecer, que es cuando el camino correcto aparecerá inesperadamente.

La educación, escribe Buber, significa cambio; el cambio hacia la correcta y deseable dirección. En la medida en que la persona inmadura todavía no ha alcanzado su forma final interior, esta sujeto a aceptar orden y forma. Sin embargo, Buber advierte contra la tendencia del profesor a imponerse a sí mismo sobre sus alumnos, lo cual amenaza con paralizar su crecimiento integral. Él sugiere que la dirección del desarrollo del niño no debe ser forzada en un determinado sentido, sino llevada a cabo en conformidad con su propia dirección. Buber señala que Dios es el Dios de la libertad, que es capaz de limitar al hombre, pero se abstiene de hacerlo, incluso compartiendo con él su libertad exaltada. Al entregarse a una compulsión, traiciona la autonomía que le ha sido concedida.

Buber destaca la imagen del hombre reflejada en el jasidismo como un modelo ejemplar para la educación Judía. El Hasid Buberiano se distingue por la ingenua religiosidad que permite alcanzar a Dios a través del amor por la humanidad. El Hasid visionario está dotado de alegría de vivir, ingenuidad y simplicidad, en contraposición con el erudito judío tradicional, alejado del mundo real. Junto con el Hasid, Buber respeta enormemente al asceta Halutz, el judío pionero, que dedica su vida a la edificación de Sión. Buber describe al Halutz como un "nuevo tipo de hombre", motivado por una vocación nacional y social.

Sin embargo, Buber se dio cuenta de que ni Halutz, ni Hasid podrían ser percibidos como ejemplos normativos para la educación judía moderna. La misión del Halutz en la construcción de la tierra para las personas sin hogar, terminó con la creación del Estado de Israel, y con el fortalecimiento de los componentes particulares en detrimento de los elementos universales. Lo mismo se puede decir sobre jasidismo establecido, que, según Buber, degeneró en el transcurso del tiempo. El principal reto para la educación continuó siendo lo "hebreo" o el “Humanismo Bíblico”.

El “Humanismo Hebreo”, con el que Buber trató de fijar la base del Sionismo -el movimiento para el renacimiento de los judíos-, es visto por él como el más alto valor educativo. Buber contemplaba el Sionismo como "el camino de la santidad", en oposición al "sacro-egoísmo" del mundo. También advirtió contra el chovinismo judío, afirmando que la conducta de Israel hacia sus vecinos árabes no es sólo una cuestión política, sino también una parte integral del judaísmo. Buber afirma que así como el antisemitismo desafiaba la credibilidad de los principios cristianos, convirtiéndose así en un problema cristiano, al igual ocurre con la actitud de los judíos hacia los árabes, que desafían al Judaísmo, convirtiéndose así en un problema judío. Buber apeló una y otra vez a los judíos de Israel, para que se esforzaran por vivir en pacífica coexistencia con sus vecinos árabes.

La herencia clásica judía -la fuerza de la memoria viva-, sirve para Buber como la principal fuente del judaísmo. Su mensaje lo basó principalmente en los valores universales de la Biblia, el gran documento de la antigüedad judía. Buber dijo: "Lo que la Biblia enseña con gran sencillez y fuerza, y lo que no se puede aprender en cualquier otro libro, es que hay verdad y falsedad, y que la existencia humana inexorablemente se encuentra en el lado de la verdad; que hay justicia e injusticia, y que la salvación de la humanidad se encuentra en la opción por la justicia y el rechazo de la injusticia".

Buber subraya la importancia primordial de la educación ética: la formación del "gran carácter”, una persona comprometida con la responsabilidad social. Él enseñó que el conocimiento del “bien" y del “mal" no puede ser impartido a través de la enseñanza de la ética, sino que sólo se puede transferir de manera indirecta, a través del compromiso del profesor con su clase. La formación de la personalidad ética debe basarse en que el alumno crea que su profesor no está tratando de manipularle, sino que realmente forma parte de su vida. La educación moral, que Buber define como "un batalla por la verdad”, inevitablemente lleva elementos de conflicto, que pueden ser tratados cuando existe una confianza mínima entre el maestro y sus alumnos.

El concepto buberiano de la “línea de demarcación” constituye una de sus aportaciones más importantes a la educación moral. Buber era consciente del hecho de que la vida, por su propia naturaleza, esta inextricablemente unida a la injusticia, especialmente en lo que se refiere a la vida en comunidad. Frente a esta trágica realidad el ser humano se ve obligado a distinguir constantemente entre la cantidad mínima de maldad que necesita para sobrevivir y el máximo bien que él o ella deben llevar a cabo con el fin de mantener su humanidad. En lo que respecta a la tensión entre lo deseable y la realidad, el ser humano se le exige repetidamente que dibuje una línea de demarcación entre las exigencias imperativas, y las posibilidades relativas respecto de su cumplimiento en la vida cotidiana. Buber exige que en cada hora de la fatídica decisión se debe considerar cuánto mal debe ser cometido para preservar la comunidad, y aceptar únicamente hasta ese punto y no más.

La lucha desesperada de Israel por la supervivencia en la tierra bíblica, hace que el concepto de la línea de demarcación sea particularmente adecuado. Buber se dio cuenta de que el logro de la causa sionista conduciría inevitablemente a un cierto grado de injusticia hacia los árabes palestinos; sin embargo, abogó por que este mal se limitara al mínimo absoluto. Buber quedó atrapado en el dilema de la necesidad de rescatar a los sobrevivientes del Holocausto y el imperativo moral de evitar cometer una injusticia con los árabes palestinos. Por lo tanto, hizo un llamamiento para reducir al mínimo el mal potencial, viviendo con los árabes locales y no en lugar de ellos. Buber afirma: "No aspiramos a volver a nuestra antigua patria con el fin de despojar de ella a otro pueblo o para dominarlo".

Educación Adulta

En los años 1909-11 Buber pronunció en Praga sus famosas conferencias sobre el judaísmo, en el ámbito de la organización estudiantil judía de Bar Kochba, cuyos miembros querían volver a descubrir su patrimonio olvidado. Incluso en el texto impreso se puede sentir su inmensa fuerza retórica al presentar al judaísmo como una realidad cultural eternamente renovada y de significado universal. Esta concepción del judaísmo estaba en agudo contraste con el judaísmo ortodoxo, que se basa en la estricta observancia de la Halacha, la ley rabínica. El mayor logro educativo de Buber fue tal vez el motivar a dos o tres generaciones de judíos, totalmente entregados en volver al Judaísmo y a Sión en el contexto del humanismo bíblico.

El punto de vista de Buber sobre la regeneración espiritual judía tuvo un gran impacto en su acercamiento a la educación de adultos. Ya en 1902, Buber había diseñado el proyecto de una escuela popular de alta Educación para judíos adultos, basada en el humanismo bíblico. Más tarde preparó una recomendación escrita para la Universidad Hebrea de Jerusalén, que le permitió conferir a la educación de adultos un papel central en su currículo. Buber también estuvo involucrado en el proyecto de La Casa Judía de Estudios Libres, (Freies Jüdisches Lehrhaus), fundada por Franz Rosenzweig en Frankfurt, en 1920. A través de las conferencias impartidas en la Lehrhaus relativas a "La religión como Presencia" y "El Mundo del Jasidismo”, Buber ejerció una poderosa influencia en la vida de los judíos alemanes durante las tinieblas del pre-nazismo, reforzando la identidad judía y la coherencia comunitaria.

La llegada de los nazis al poder supuso un cambio importante en la vida de la comunidad judía en Alemania. Mucho antes del exterminio de los judíos europeos, los judíos alemanes fueron retirados de los puestos públicos o de relevancia económica y completamente separados de la vida cultural del país. Su aislamiento espiritual exigió una reorganización radical de la vida Judía. Con este fin, Buber fundó en 1933 el Centro Judío de Educación para Adultos, sirviendo como su director hasta 1938, cuando emigró a Palestina. El centro tuvo como objetivo reforzar la autoconciencia judía y la solidaridad del grupo, proporcionando los recursos para la resistencia espiritual a la tiranía nazi. El mensaje educativo de Buber no estaba enfocado hacia un retorno al judaísmo ortodoxo. Por el contrario, alentó a los judíos de Alemania para que regresaran a la tierra bíblica, con el objetivo de llevar a cabo la gran misión de convertirse en "una luz para el resto de las naciones".

Desde su propia experiencia en Alemania (así como mediante la experiencia en Dinamarca durante el conflicto Schleswig-Holstein en el siglo XIX), Buber aprendió que los tiempos de crisis ofrecen una oportunidad de oro para la educación de adultos. La mayor influencia educativa de Buber fue, de hecho, ejercida durante el oscuro período de la Alemania nazi. Demostró, en la práctica y en la teoría, que la educación de adultos puede significar una gran fuerza en tiempos de desesperación. Siguiendo fielmente el optimismo vital judío en su tortuosa historia, Buber enseñó a los judíos a hacer frente a los desastres, sin autoengaño y aferrándose a su fe en la Roca de Israel.

Después de que Buber emigrara a Palestina, su actividad se centró principalmente en la educación de adultos, junto con sus obligaciones en la universidad y el trabajo político. Su labor docente centrada en los asentamientos judíos colectivos (el Kibbutz y el Moshav), cuyos miembros, inmersos como estaban en el trabajo agrícola, deseaban mantener contacto con el mundo intelectual. Una serie de destacados especialistas de la Universidad Hebrea, dirigidos por Buber, ofrecían seminarios externos a los agricultores de diferentes partes del Estado de Israel. A fin de garantizar la continuidad de este proyecto, fue creado el Instituto para la Educación de Adultos, en la Universidad Hebrea (nombre que recibió en honor a Buber, tras su muerte en el año 1965).

Con el logro de su regreso físico y la fundación del Estado Judío, Buber llamó a un renacimiento espiritual del Judaísmo. De esta manera, vinculó el concepto de Sión con la idea de justicia, según lo previsto por los profetas hebreos: "Sión será rescatada con justicia y por los que regresan a ella con rectitud" (Isaías, 1:27). Aplicó esta elevada idea sobre todo respecto a la relación de los judíos con los árabes palestinos. En sus conferencias advirtió en contra del etnocentrismo judío, recordando la "regla de oro" del rabino Hillel el Viejo: "No hagas a tu prójimo aquello que resulta odioso para ti”. Buber también discutió en detalle el significado del verso "Ama a tu prójimo como a ti mismo", explicando que a través del amor a la humanidad nos encontramos con Dios.

La creación en Jerusalén de la Escuela para Educadores de Adultos en el año 1949 fue, sin duda, el proyecto más importante de Buber en el campo de la educación de adultos en Israel. Esta escuela capacitaba a los educadores de adultos, de forma que pudieran hacer frente a la integración cultural de las masas de inmigrantes que llegaban al país tras la fundación del Estado de Israel en 1948. Con la creación de esta escuela, Israel se convirtió en uno de los primeros países en ofrecer centros especializados de capacitación para educadores de adultos. La escuela fue influenciada por la ideología de la escuela popular fundada por el educador danés gran N.F.S. Grundtvig (1783-1872). Buber estaba impresionado por el concepto de Grundtvig de la “palabra viva", que correspondía a su propio principio del diálogo en educación. También adoptó el modelo danés de internado “una unión de vida y aprendizaje”, en consonancia con el concepto Buberiano de "comunidad espiritual".

Muchos estudiantes de la escuela fueron ellos mismos nuevos inmigrantes, principalmente procedentes de países islámicos. El personal académico estaba compuesto por destacados humanistas: Gideon Freudenberg (quien fue designado Director), Ernst Simon, Gershom Scholem, Hugo Bergman, Abraham Halevy Fraenkel y el propio Martin Buber. Los profesores eran totalmente sensibles con la composición plural del cuerpo estudiantil, no sólo respecto a los valores occidentales, sino también en relación a la tradición cultural de Oriente Medio. La enseñanza se fundó en el verdadero diálogo multicultural, junto con enseñanzas académicas en judaísmo y humanidades, y capacitación profesional. El estudio de la lengua hebrea, no sólo como un medio de comunicación, sino como un vehículo de transmisión de la cultura israelí, jugó un papel importante en el temario. Las enseñanzas de Buber sobre "La Biblia Hebrea a la sombra del Holocausto” fue una gran fuente de inspiración para la los estudiantes.

Buber enseñó que la educación de adultos, a diferencia de la educación para niños, se fundamenta en la plena reciprocidad entre partes iguales. La educación de adultos se basa en “preguntas reales", en lugar de sobre desafíos socráticos o en la preparación para los exámenes. Buber argumentó que un verdadero educador hace preguntas, pero rara vez ofrece soluciones. Creía firmemente que la educación de adultos se centra en el auto-aprendizaje y por lo tanto el profesor debe conferir al estudiante la orientación adecuada para la educación de sí mismo. En la búsqueda de la "verdad" el educador contribuye a su conocimiento escolástico, mientras que los estudiantes traen a clase su sabiduría colectiva, adquirida a través de la experiencia en la vida. Por otra parte, el adulto no puede ser alterado mediante manipulación: el deber de la educación no es cambiar el ser humano, sino ayudarle a ser lo que realmente es, sólo que más perfectamente y con mayor fidelidad a sí mismo.

Mientras que el elemento esencial en la educación de adultos es el principio del diálogo, basado sobre “preguntas reales", el primer objeto de estudio es la "aclaración de conceptos. Es aquí donde el sistema socrático prevalece, con el objetivo de mejorar al ser humano mediante el desarrollo de su percepción. Buber sostiene que la clarificación de conceptos es de gran importancia, ya que: "Cada vez que los conceptos son incorrectos, las palabras utilizadas son inadecuadas y donde las palabras no son adecuadas, las acciones no se llevan a cabo". Buber también señala que la falta de claridad en el uso de los conceptos constituye el origen de las palabras vacías, dando lugar a confusiones y malos entendidos.

Buber explicó que la educación judía adulta debe basarse en la realidad social “nuestra realidad cultural y política en esta coyuntura histórica". Al mismo tiempo, afirmó que "nuestro gran tesoro nacional es la universalidad profética" y que "el tipo de nacionalismo que se establece a parte, que aísla, es ajeno a la verdadera esencia de Israel". Dijo que el judaísmo actual sólo puede ser enseñado de tal manera que se restaure la confianza en el sentido del mundo y en la vida de los que han perdido la fe. Para Buber, la educación se basa en la confianza: confianza en el prójimo, quien sólo puede ser redimido a través de un encuentro con el Tú. Esta predicación buberiana de la verdad -a pesar de Auschwitz y de Hiroshima- es una condición previa para una educación humanista genuina.

El mensaje educacional de Buber

El pensamiento educativo de Buber, basado en su filosofía del diálogo, le ganó reconocimiento en todo el mundo, especialmente en el campo de la educación humanista para adultos. El movimiento israelí para la educación de adultos estaba también enormemente influenciado por su pensamiento. Hoy en día, más de cuarenta años después de la fundación de la Escuela de Jerusalén para Educadores de Adultos, el impacto educativo de Buber todavía se sigue percibiendo. En la actualidad, numerosas instituciones educativas inspiradas en sus enseñanzas siguen todavía activas en Israel, entre ellos Ulpán Akiva en Netanya y el Instituto Martin Buber para Educación de Adultos la Universidad Hebrea de Jerusalén, ambas dedicadas entre otros objetivos, al acercamiento entre árabes y judíos.

La teoría de Buber de la educación se basa en su filosofía antropológica. Aunque su pensamiento pedagógico no ofrece un modelo sistemático para la enseñanza, su mensaje implícito abarca todo el ámbito de la existencia humana. Sus enseñanzas sobre el Jasidismo son estímulos para educación moral y religiosa, mientras que su humanismo hebreo es una fuente de inspiración par la solidaridad entre los seres humanos y la educación para la paz. Él vio la educación como un proceso permanente, en el que la principal tarea del profesor es motivar al alumno para el auto-aprendizaje y la auto-perfección. Buber estableció que la principal tarea del educador es la de guiar a sus alumnos desde la comunión entre profesor y alumno, hasta la comunión universal.

La contribución más original de Buber a la educación es la aplicación de su principio dialógico -especialmente el elemento de inclusión- al ámbito pedagógico. Lo mismo puede decirse de su concepción pragmática de la línea de demarcación que nos vemos obligados a dibujar entre los valores “celestiales” y las realidades "terrenales"; entre los imperativos categóricos y la clara posibilidad de llevarlos a cabo en nuestro mundo irredento.

Por Kalman Yaron, publicado inicialmente en Prospects: the quarterly review of comparative education (Paris, UNESCO: International Bureau of Education), vol. XXIII, no. 1/2, 1993, p. 135-146
Traducción del original en inglés por Alberto de Zunzunegui

Notas

1. Kalmon Yaron (Israel). Desde 1965 Director del Instituto Martin Buber para la Educación de Adultos, en la Universidad Hebrea de Jerusalem. Anteriormente Director de programas educacionales para nuevos inmigrantes en Radio Israel. Galardonado con el Premio 1980 Nuevas Perspectivas para Educación por la Paz y con el Premio Lord Ziev 1990 dirigido a recompensar toda contribución especialmente destacada en las relaciones entre árabes y judíos. Autor de numerosos estudios sobre la Biblia, educación humanística y education para el diálogo. También es el responsable de la publicación de Estudios en Educación para Adultos (1989, en hebreo), El Papel de la Educación para Adultos en Situaciones de Crisis (1991), y de Aquí y Ahora: el Mensaje de Buber Hoy (1992, en hebreo). 

Selección de obras de Buber

On Judaism. Ed. by Nahum Glatzer. New York: Schocken Books, 1989.
A Believing Humanism: My Testament. Trans. with an Introduction and Explanatory Comments by Maurice Friedman. New York: Simon & Schuster, 1967. ]
Between Man and Man. Translated by Ronald Gregor Smith. London: Kegan Paul, 1947.
Eclipse of God. Ed. and Trans. by Maurice Friedman. New York: Harper & Row, 1946.
I and Thou. 1923. A new translation, with prologue by Walter Kaufmann. New York: Scribner, 1970.
Israel and Palestine: the History of an Idea. Trans. by Stanley Godman. New York: Schocken Books, 1976.
On Intersubjectivity and Cultural Creativity.  Ed. and Introduced by S.N. Eisenstadt. Chicago: University Press, 1992.
The Knowledge of Man. Ed. with an Introductory Essay by Maurice Friedman. Trans. by Maurice Friedman and Ronald Gregor Smith. New York: Humanities Press, 1988.
Pointing the Way: Collected Essays. Trans. by Maurice Friedman. New York: Schoken Books, 1957.
The Ways of Man According to the Teaching of Hasidism. London: Routledge & Kegan Paul, 1950.

Obras sobre el pensamiento educacional de Buber

Cohen, Adir.  The Educational Philosophy of Martin Buber, Rutherford, Madison,  Teaneck, NJ: Fairleigh Dickinson Press, 1983.
Friedenthal-Haase, Martha. ‘Martin Buber’s and Ernst Simon’s Concept of Adult Education in Crisis Situations’, in Franz Poeggeler and Kalman Yaron (eds.),  Adult Education in Crisis Situation, Jerusalem: Magnes Press, 1991.
Friedman, Maurice. Martin Buber’s Life and Work. 3 v. Wayne State University Press: Detroit, MI, 1988.
Gordon, Haim. Buberian Learning Groups: Existentialist Philosphy as an Ariadne Thread for Education for Peace. In: Teachers College Record (New York), Vol. 85, No. 1, Fall 1983, p. 73-87.
Hodes, Aubrey. Martin Buber: an Intimate Portrait. New York: The Viking Press, 1973.
Mendes Flohr, Paul. A Land of Two Peoples: Buber on Jews and Arabs. New York: Oxford University Press, 1983.
Simon, Ernst. [Jewish Adult Education in Nazi Germany as Spiritual Resistance.] Tübingen, 1939. [In German]
Schremer, Oded. ‘Toward Understanding Buber’s I-Thou/I-It Dichotomy in the Context of Education.’ Studies
in Jewish Education (Jerusalem), Vol. 2, 1984.
Yaron, Kalman. ‘Hebrew Humanism in the Tradition of Martin Buber and Ernst Simon.’ In: Kwiran, Manfred. (ed.)  Panorama: International Journal of Comparative Religious Education and Values (Braunschweig), 1990.
Yaron, Kalman. ‘Contact, Dialogue and Learning: Examples of Jewish Folk Education.’ In: Koch, Günter;
Nuechtern, Michael; Yaron, Kalman. (eds.)  Learning in Educational Institutions and Academies].
Koesel-Verlag, Munich, 1983. [In German]

1 comentario:

Pablo Cid dijo...

Sin Duda
un personaje excepcional de la humanidad. y la verdad no había relacionado o pensado que existiera el Judaismo Humanista.
Felicidades a "Humanismo y Valores" por este esfuerzo de promoción del Humanismo.
fue muy clarificador para mi este articulo.
y aprovechando si son gustosos les dejo el link de CIDBLOG http://pablocidglez.blogspot.mx/