viernes, 25 de noviembre de 2016

DE LA NAVIDAD Y LA OCLOCRACIA











“Cuanto más democrática se vuelve una democracia, más tiende a ser gobernada por la plebe, degenerando en oclocracia”. Aristóteles

OCLOCRACIA
1. f. Gobierno de la muchedumbre o de la plebe.

Si; se llama OCLOCRACIA y llevamos años incubándola y propagándola. Sus síntomas más comunes son papanatismo, ignorancia, sectarismo, envidia, odio y exacerbación de la estupidez humana.

Uno de sus efectos más perniciosos lo constituye el ataque y la persecución permanente a la religión Católica y al Cristianismo en general (ver el Informe 2016 de Libertad Religiosa en el Mundo; España pags. 197-200), ya que su falta de ideales auténticos nos les confiere la suficiente valentía como para atacar o perseguir con similar virulencia a otras religiones menos tolerantes. Es el caso del Islam, al que prefieren ignorar -incluso  al Islam radical- y dejar al margen de su crítica descarnada a la religión. De hecho algunos llegan a alentarlo y promoverlo, en un intento de establecer un frente común contra el Cristianismo. Sin duda ello constituye el más claro ejemplo del grado de papanatismo, ignorancia, sectarismo, envidia, odio y exacerbación de la estupidez humana que llegan a alcanzar, pues en muchos casos aplauden dogmas contrarios a la supuesta libertad que dicen defender, e incluso a enemigos declarados de su país, cultura y tradiciones, hasta el punto de que con frecuencia los ecos de sus vítores llegan hasta quienes persiguen, humillan, privan de libertad, azotan, apalean, lapidan, estrangulan, decapitan o degüellan a otros seres humanos, por el mero hecho de ser diferentes o creer en algo distinto.

Por ello, ante la proximidad de las fiestas navideñas y al objeto de tratar de combatir la oclocracia y mitigar sus perniciosos efectos, convendría recordar que:
  1. Lo que se celebra en Navidad es, precisamente, la Navidad.
  2. La Navidad es una fiesta religiosa, concretamente cristiana y en ella se conmemora el nacimiento de Jesucristo.
  3. El Cristianismo forma parte inseparable de nuestra historia y cultura; ello no es una opinión, sino un hecho fácilmente contrastable.
  4. La cultura occidental, la de Europa, la Declaración Universal de Derechos Humanos de 1948 y nuestra propia Constitución, están inspirados en algunos de los conceptos más importantes de la filosofía cristiana, como la igualdad, la libertad, la dignidad del ser humano, la responsabilidad del individuo o el respeto hacia nuestros semejantes, independientemente de su condición.
  5. El mensaje cristiano de la Navidad es esencialmente un mensaje de amor universal e incondicional, de perdón, de reconciliación, de encuentro, de tolerancia, de paz.
  6. En base a la propia libertad que promulga, su celebración no es obligatoria, como tampoco lo es asistir a rito alguno. Y en todo caso, los mensajes contenidos en todos ellos no tienen carácter excluyente, discriminatorio u ofensivo, ya que esencialmente se corresponden con lo citado en el punto precedente.
  7. Al margen del hecho religioso, la celebración de la Navidad forma parte de nuestras tradiciones más antiguas y arraigadas y por ello constituye también un valor social transversal, es decir de todos, para todos y sin adscripción política alguna, ergo contribuye a unir a las personas.
  8. Teniendo en cuenta los puntos anteriores, debería ser incluso aceptable para quienes no creen en la religión cristiana o en ninguna otra y ello también debería favorecer el que pudieran respetarla, al menos, como algo que forma parte de su cultura y de la de la mayoría de sus compatriotas. 
  9. Igualmente, quienes vienen y son acogidos en nuestro país deben respetar nuestra religión y tradiciones, de la misma manera que desearían que se respetaran -y de hecho se respetan- las suyas en caso contrario. Ello es preceptivo, entre otras cosas porque no se les obliga a renegar de las propias creencias, ni tampoco a adoptar las nuestras.
  10. Si a pesar de todo, lo anterior no fuera lo suficientemente convincente, los detractores deberían, al menos, abstenerse de hacer el más completo ridículo, evitando incoherencias como pretender bautizos, comuniones o una Navidad carentes de toda connotación religiosa, ya que por definición son sacramentos, celebraciones y rituales cristianos.

Como supongo que alguno ya estará pensando en replicar acogiéndose a hechos del pasado y justificando los ataques y la persecución actuales en base al daño cometido en nombre de la religión católica o el Cristianismo décadas o siglos atrás, convendría no ignorar que:

  • Los hechos hay que juzgarlos dentro de su contexto histórico.
  • En ese mismo contexto, es muy probable que lo que se pretende juzgar, criticar o denostar, fueran usos, costumbres y comportamientos ampliamente aceptados o cuando menos habituales en la sociedad de su tiempo.
  • Los errores del pasado, que la Humanidad en su conjunto ha cometido en todo momento y lugar, no pueden constituir un lastre o una excusa para desdibujar la realidad del presente, sino en todo caso un aprendizaje que contribuya a la evolución positiva del Ser Humano.
  • Las críticas deben estar debidamente argumentadas y su objeto, sin excepción, debería ser una contribución al Bien Común.
  • Todo aquello que es alentado por el sectarismo, el odio, el deseo de revancha o anteponiendo una ideología contraria al Bien, la Verdad o la Belleza de nuestros actos, debería ser cuestionado por principio y despoja a los argumentos empleados de toda validez ética.

Pero si aún así todo ello no fueran razones suficientes, todos deberíamos recordar -creyentes, no creyentes y descreídos- que el mensaje esencial del Cristianismo es el amor incondicional hacia nuestros semejantes y la exaltación de la dignidad humana... Y sólo por eso ya debería ser motivo de aceptación y respeto, incluso en una sociedad dominada por la oclocracia.

Por Alberto de Zunzunegui Balbín