martes, 20 de septiembre de 2011

ENTREVISTA: JOSÉ IGNACIO RUÍZ

"Europa hoy no es nada, sólo es un mercado".


José Ignacio Ruíz es historiador, investigador, escritor, Académico Correspondiente de la REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA y Decano de la Facultad de Filosofía y Letras de la UNIVERSIDAD DE ALCALÁ DE HENARES

Acaba de publicar el ensayo El colapso de Occidente, en el que disecciona la crisis actual desde una perspectiva histórica.

Junto a su colega Francisco Mochón, doctor en Economía, el profesor Ruíz nos arroja las claves de la recesión que azota el mundo occidental en un original trabajo.

-En su libro dibuja un panorama paradójico sobre el momento actual. Por un lado, muestra que hay algo alentador en las lecciones que podemos aprender de lo que está ocurriendo, y por otro, no esconde la crudeza del presente. ¿Estamos ante una crisis del sistema de Estado de bienestar o es, más bien, ese Estado de bienestar el que ha traído la crisis?

-A consecuencia de la crisis sistémica en la que nos vemos envueltos, el Estado de bienestar se encuentra profundamente afectado, entre otras razones, porque hoy hay muchos más dependientes que cuando se concibió. Por otra parte, el gasto que genera está muy por encima de los ingresos. Pero el verdadero problema es que el sistema en general, por encima del Estado de bienestar, está prácticamente quebrado.

-Esta crisis económica ha dejado en tela de juicio muchos parámetros y comportamientos económicos. No obstante, ¿estamos inmersos también en una crisis de valores?

-Los sistemas sociales son económicos y también político-culturales. El problema en la historia es que esos planos no tienen el mismo tempo, pero se hallan conectados como vasos comunicantes. Cualquier alteración en uno de ellos se transmite a los demás, aunque con un desfase temporal. El funcionamiento del sistema ha generado una lógica cultural dominada por un valor que no ha existido siempre, y que se llama beneficio. Todo el sistema socioeconómico y cultural se ha visto atravesado por esa lógica del beneficio subordinando todo lo demás. Con ese valor dominante se ha generado, a largo plazo, una cultura en la que lo que no sea beneficio casi ha dejado de tener sentido y, desde luego, valor. En una sociedad de Antiguo Régimen (las anteriores monarquías absolutas) en el que el valor dominante era el honor, el beneficio era visto como algo de villanos. Cada sistema tiene su universo de valores y hoy todo está quebrado, la gente no sabe a qué apuntarse. Todo suena feo y nada parece servir. Esto significa que no hay confianza en el sistema en su totalidad.

-Hemos querido creer ingenuamente que los mercados se autorregulaban sin que fuera necesaria la intervención estatal y usted lo comparte en sus páginas. ¿Qué propone?

-El problema del hombre en general es el equilibrio. Con los mercados se tiende a la búsqueda de ese equilibrio. El problema es que los mecanismos no son automáticos y se producen desfases. El Estado debe intervenir en determinados momentos y ante determinadas circunstancias, pero no debe provocar alteraciones innecesarias y de ineficiencia dentro del funcionamiento del sistema. Si con los mercados hay que vigilar que cumplan con las reglas, también debemos exigírselo a los estados. Hoy día los sistemas socioeconómicos van por un lado y los sistemas políticos van por otro. Casi podríamos decir que los estados nacionales luchan por mantenerse a cualquier precio a pesar que estén caducados, y no respondan a las necesidades de los sistemas sociales. Hoy deberíamos estar políticamente en espacios transnacionales que dieran sentido a los ámbitos económicos, porque los mercados nacionales no existen. Sin embargo, mantienen estructuras políticas que no sirven a las realidades sociales, tan solo a los grupos oligárquicos aupados al poder; pero pugnamos por estructuras administrativas miniterritoriales que reproducen formas del caduco Estado nacional. El disparate es mayúsculo. Esta es otra de las disfunciones que llevan al colapso de occidente.

-Defiende que las crisis son cíclicas e inevitables. ¿Eso equivale a pensar que la economía es un animal con vida propia ajena a las voluntades de las naciones?

-Son cíclicas e inevitables, porque los sistemas sociales y económicos los hacen los hombres para un momento concreto de su vida. ¿Tiene la sociedad las mismas necesidades en un momento que en el otro? Los estados deberían prever estas cosas. Sin embargo eso supone que tienen que aprovechar las vacas gordas, cuando las hay, e invertir para cuando llegan las flacas. ¿Quién en los momentos de bonanza se para a pensar que después vienen las flacas? El hombre es el único animal que tropieza dos veces en la misma piedra.

-También sostiene que las recesiones, a pesar de sus dramáticas cifras, no son buenas ni malas y, encima, tienen la ventaja de ayudar a que se supriman cosas que ya no sirven. ¿Cómo cree que pueden encajar esto los casi cinco millones de parados españoles?

-Es la lógica del funcionamiento del sistema. Se podría decir que todo lo que sube baja. Nos esforzamos demasiado en demostrar que todo tiene que ser o bueno o malo. Hay cosas que son así por su propia naturaleza. La realidad es la que es. Producido un desequilibrio, hay que volver a encontrarlo. El drama de los cinco millones de parados no se arregla negando las recesiones y diciendo que los sistemas nunca se caen. En el libro arrancamos de la caída del Imperio romano y del hundimiento del sistema feudal y tras esto recopilamos buen número de crisis coyunturales que también modificaban en parte el modelo. Las crisis y el problema del paro se arreglan, primero diagnosticando lo que pasa, y después poniéndose manos a la obra para transformar las estructuras que nos permitan un nuevo edificio donde quepamos todos.

-Nos sugiere que la crisis detendrá el proceso globalizador. ¿Cómo puede afectar esto a España?

-La crisis no detendrá ese proceso, lo que ocurrirá será que algunos países quedaran más descolgados que otros. España lleva camino de quedar muy descolgada. De todos modos, el problema es para todo Occidente. La globalización ha sacado a la luz a los que hoy llamamos países emergentes. Piénsese el papelón de Europa: unidad monetaria, atomización política y apretando por las costuras, posiciones nacionalistas por aquí y por allá, áreas económicas muy desarrolladas frente a otras colapsadas. La transformación de Europa se hace necesaria. Sólo la crisis puede poner las cosas en el único camino posible. Si seguimos así el colapso es inevitable.

-En el libro habla de la máxima empresarial “piensa globalmente y actúa localmente”. ¿De verdad cree que los políticos deben hacer suya dicha idea?

-El empresario actúa por la lógica del beneficio. El político no debería actuar así porque su función es bien diferente. No debería ser la de beneficiarse, sino la de servir a la comunidad que representa y le ha elegido. El político tiene sentido como servidor de la comunidad, en tanto que se entrega para los demás no para sí mismo.

-China superará a EE UU en gasto militar en 2030, algo que puede interpretarse como un trasvase del Atlántico al Pacífico en el reparto del poder en el mundo. ¿Cómo debería reaccionar Europa?

-En 2030 China será la que gobierne el mundo. El trasvase del Atlántico al Pacífico ya ha tenido lugar. El eje geoeconómico del mundo ya está hoy en el Pacífico. Europa hoy no es nada. Es un mercado. Desde el punto de vista político ya hemos insistido que se halla atomizada y sin visos de arreglarse. Hoy más que nunca hace falta una unión política europea que se corresponda con la zona euro y la liquidación de los viejos estados nacionales. Insisto, sólo la crisis puede hacer ver esto a unos políticos que no ven más allá de sus narices o de sus intereses más cercanos. Hace falta que aparezcan hombres de Estado capaces de vislumbrar por dónde va a ir el futuro. Los retos son de una magnitud enorme. La pobreza amenaza con volver sobre Europa.

Entrevista realizada por Antonio J. Pérez Liñan, publicada el pasado 31 de julio en la REVISTA ÉPOCA
Fotografía: Carlos Cortés