martes, 13 de diciembre de 2011

DE LA COSMOVISIÓN PRE-MODERNA A LA VISIÓN IDEOLÓGICA ACTUAL

Puede decirse que desde las culturas de la Antigüedad hasta la pre-modernidad en los siglos XVI y XVII, en los que con el Renacimiento irrumpe el racionalismo científico,  se percibía todo lo existente como una totalidad que abarcaba en una unidad triádica lo divino y trascendente, el mundo circundante y el valor de lo estético. Otra  forma de decir lo mismo es afirmar que hasta la irrupción de la modernidad racionalista, el hombre pre-moderno poseía una verdadera cosmovisión de la realidad de carácter holístico, o sea que percibía lo existente como un todo integrado en todas sus partes, de modo que en su perspectiva de las cosas la creencia religiosa, el conocimiento pragmático y racional y el valor de la belleza conformaban un conjunto totalmente integrado.

Fue así que en el mundo occidental la Edad Media será la última etapa histórica en que el hombre occidental dispondrá de una auténtica cosmovisión. Basta tener presente cómo durante la Alta y Media medievalidad, un monumento tan emblemático de la época como eran las catedrales góticas, éstas resultaban ser la expresión tangible de una cosmovisión  enraizada en perspectiva cristiana.

En efecto, cada catedral gótica era en sí un todo comprensivo desde las agujas que coronaban las torres de las catedrales, cuya atrevida esbeltez expresaba el afán espiritual del hombre de ascender hasta las alturas de lo infinito; la complejidad estructural del edificio en sí, una síntesis de todos los conocimientos y técnicas en el arte de la construcción eclesial, y finalmente recursos estéticos como la luz coloreada de los grandes vitrales, la belleza de la ornamentación al exterior y al interior del templo, o la belleza pictórica o escultural de las imágenes sagradas, eran elementos que a modo del sello de lo estético ayudaban a conformar su unidad con la espiritualidad del alma cristiana, y  con el conocimiento arquitectónico de la época.

Pero ya en los siglos XVII y XVIII de la Ilustración en que la razón definitivamente había cobrado clara hegemonía sobre la creencia religiosa, el sabio de la época si bien no se interesaba mayormente en ser versado en la teología o en la doctrina cristiana, sin embargo supo devenir en el tipo enciclopedista de la época, lo cual implicaba el dominio de todas las ramas del conocimiento formal de ese entonces. En otras palabras el campo epistemológico se mantenía organizado en un único conjunto orgánico de todos los campos de  lo cognoscitivo.

Pero con el desarrollo fulgurante de la ciencia y de la tecnología, los estudiosos se vieron obligados cada vez más a la ‘especialización’ en sólo algunos de los  ramos que comprendía el conocimiento científico, de modo que el todo del conocimiento empezó a sufrir una seria desmembración de su otrora organicidad del enciclopedismo. Así, el campo de lo científico se redujo a una serie de verdaderos compartimientos estancos.

Este proceso de creciente fragmentación del conocimiento llevará a que ciertas áreas específicas del saber cobrarán preponderancia sobre otras, por ejemplo, la física y la química se imponen a todas las otras ramas científicas, e igualmente desde Adam Smith  y Karl Max, la economía y la política devienen en los nuevos evangelios que regirán toda la actividad humana. Pero el reduccionismo dará otro paso más con las modernas ‘ideologías’ de derecha e izquierda, tan proclives las mismas al fenómeno del ‘fundamentalismo’, y que se da cuando se asume cierta perspectiva económica o política como el súmmum de esos dos campos, craso error como es el de reducir el todo a una parte del mismo. Lo ideológico será siempre una visión necesariamente parcial,  y que prescinde de toda referencia a esa unidad triádica propia de toda cosmovisión auténtica, la unidad de lo espiritual, del conocimiento y de lo estético.