domingo, 2 de septiembre de 2012

EL AMOR

"El Amor es, junto con la Sabiduría, la mayor bendición para el mundo. No hay verdadero Amor sin Sabiduría. No hay verdadera Sabiduría sin Amor".

El Amor es la poderosa palanca que mueve el mundo. Dante Alighieri ve en el Amor la fuerza “que mueve el Sol y las demás estrellas”. Todas las doctrinas espirituales insisten en la importancia de esta fuerza elemental y suprema. Según la enseñanza unánime de la Tradición o Filosofía Perenne, la Sabiduría y el Amor son los dos pilares que sostienen el Orden universal. Son los dos grandes resortes que hacen posible la existencia humana, haciendo que sea auténticamente humana.

Ahora bien, una vez admitida o reconocida en principio la importancia fundamental del Amor, surge la pregunta: ¿qué es en realidad el Amor? ¿Cómo puede ser definido y cuáles son las condiciones que ha de reunir y los elementos que lo hacen posible?

Se habla mucho de amor, pero pocas veces se hace el esfuerzo de definirlo y ver exactamente en qué consiste, para distinguir el verdadero amor del amor falso y engañoso (que puede llegar a denigrar al ser humano, llevándole a destruir y matar). Hay, en verdad, amores que matan.

Se confunde el Amor con cosas que no tienen nada que ver con él o, peor aún, constituyen su antítesis: el afán posesivo y despótico (creer que el ser amado es propiedad privada nuestra), los celos y la pasión ciega, la obsesión sexual, el cariño invasor y anulador de la personalidad del otro, la amabilidad desconsiderada e irrespetuosa, etc.

Se podrían dar cinco definiciones del amor, que nos desvelan en realidad cinco aspectos de esta inmensa fuerza humana, cósmica y divina:

1.- Fuerza unitiva. Tendencia a la unión y la unidad. Impulso emotivo y fuerza de atracción que une cosas separadas o distanciadas. Resorte interno que hace que se aproximen para entenderse seres alejados (que tal vez  se ignoran o no se conocen, que quizá se miran con hostilidad, timidez o desconfianza). Fuerza que acerca, que vincula, que enlaza, que forja lazos sólidos, que liga y ata: ata y libera; ata para dar más altas cotas de libertad y para situar a los seres que anima en niveles más elevados de vida. El Amor es yugo (o yoga) que unce, junta y ayunta a dos o más seres, poniendo en conjunción sus vidas y haciéndoles vibrar al unísono. El Amor crea unidad: unifica por dentro y por fuera; une y reconcilia polos opuestos, armoniza extremos que podrían chocar o entrar en conflicto.

2.- Búsqueda del bien. Anhelar el bien para aquello (persona o cosa) que se ama: lo que realmente es su bien, y no un bien falso, aparente e ilusorio (que acabará siendo un mal, algo que le perjudicará). Querer y desear ante todo el bien, todo lo bueno, incluso lo mejor, por mucho que cueste, buscándolo de manera objetiva, rigurosa y sincera. El bien es el fin, la meta, la razón de ser, el móvil o motivo y el objetivo inspirador del Amor. De ahí que la bondad y lo bueno constituyan el humus o terreno en el que florece el Amor, el cual se manifiesta en todo aquello que deriva del bien y de lo bueno: benevolencia (querer bien y querer el bien), beneficiar y beneficencia (hacer bien y hacer el bien), bendecir y bendición (“decir bien” de algo o alguien, derramar el bien por medio de la palabra, el gesto o la mente sobre alguna persona o cosa).

3.- Capacidad de entrega, donación, abnegación, servicio y sacrificio. Disposición a servir al prójimo y serle de utilidad. Tener presente al otro como si fuera uno mismo, anteponiendo incluso su interés o su bienestar al propio.

4.- Potencia creadora, forjadora de realidad, profundamente renovadora, engendradora de realidad nueva. Fuerza creativa que lleva a imaginar la realidad amada, captando sus posibilidades recónditas y actuando con tacto para ayudar a que emerjan, se manifiesten y se realicen, de tal modo que dicha realidad amada quede transformada y llegue a ser lo que está llamada ser. En el Amor está la clave y el secreto de la creatividad.

5.- Principio de vida: el Amor crea vida; hace surgir vida allí donde no la había; despierta, potencia y realza la vida; restaura y sana la vida enferma, sofocada, alterada o anulada; vivifica la existencia; estimula las energías vitales. Nos hace vivir de verdad; da vida al vivir anodino, inerte e inane que suelen arrastrar los seres humanos; hace que nuestra vida mortecina (que muchas veces no es más que muerte en vida, un sinvivir) se vuelva verdadera vida; nos ayuda a rescatar y proteger la vida de las fuerzas de muerte que la amenazan. No hay vida sin amor. No hay resorte vital que pueda compararse al amor.

Para que exista auténtico amor, amor pleno y sólido, tienen que darse de forma unitaria y conjunta esos cuatro elementos, sin que falte ninguno de ellos. De lo contrario, será un amor cojo, mutilado, equivocado o mal orientado, incluso negativo y dañino.

Quien dice Amor dice voluntad, benevolencia, deseo bien orientado, decisión, buena disposición, disponibilidad, buen ánimo, apertura, compromiso, libre vinculación y sumisión, devoción y dedicación, entusiasmo, implicación interior en las cosas (en las tareas y empresas a realizar), emoción inteligente y contenida, asunción de valores, impulso activo en beneficio de otros, alegría emprendedora, ímpetu realizador, desinterés fervoroso (fogoso o entusiasta), positividad ante la vida, respetar y apreciar el valor de las cosas, estar dispuesto a renunciar, sentimientos nobles, emotividad sana, sentido del deber y la responsabilidad, actitud afirmadora, inclinación a mejorar el mundo.

El amor vigoriza y renueva la existencia, crea paz y armonía, forja personalidad y comunidad, nos hace buscar el bien propio y ajeno.

Dentro del Amor entra, por supuesto, el amor a uno mismo. Con razón se ha dicho que el amor bien entendido (o la caridad bien entendida) empieza por uno mismo. Quien no se quiere, quien no ha aprendido a quererse como es debido, difícilmente querrá a alguien tal y como ese alguien deba ser querido. Uno no puede amar a otro si previamente no se ama a sí mismo (desea su propio bien y se esfuerza por alcanzarlo, busca su unidad personal, crea y recrea sin cesar su propia vida, va conquistando sin cesar valores). No se puede dar lo que no se tiene: no puedo dar amor si no lo tengo dentro de mí, en y para mí mismo, hacia mi propio ser.

¿Qué supone, exige o lleva consigo el Amor? El Amor, que puede presentar diferentes niveles, se traduce en una serie de cualidades y  actitudes positivas, como las siguientes:

1) buena voluntad y voluntad fuerte (firme y enérgica); sólo la voluntad fuerte es buena; una voluntad débil será por fuerza una mala voluntad, deficiente o inservible. Energía volitiva que venza a la noluntad, la abulia, la indiferencia y la indolencia. Amar es querer, y el querer es un acto de la voluntad. Es armonizar el querer y el desear, orientándolos hacia el bien (lo beneficioso, lo útil, lo honesto y provechoso).

2) anhelo de lo mejor: voluntad y deseo de alcanzar la excelencia, lo óptimo en cualquier terreno. Decidida voluntad de mejorar uno mismo (en todos los órdenes: en lo profesional y en lo personal, en lo intelectual y emotivo, en lo moral y espiritual), y de ayudar también a los demás para que mejoren y se eleven como personas, abandonando la inercia y la incuria en que de ordinario se suele vivir. En este sentido, al Amor viene a ser impulso hacia lo alto, fuerza anagógica o sátvica que tira de nosotros hacia arriba.

3) deseo de abrazar y ser abrazado; anhelo de abarcar la realidad, en cualquiera de sus formas de manifestación, y especialmente en su modalidad personal. Abrazar y abarcar la realidad que nos rodea para fundirnos con ella, de tal modo que nos llene, nos trasmita toda su riqueza, y nosotros también podamos trasmitirle la riqueza que llevamos dentro. Abrazar la realidad para salvarla y ser salvados por ella, a través de ella y junto con ella.

4) inclinación a dar y darse: dar lo mejor de sí; preocuparse más por lo que uno puede dar que por lo que uno puede recibir. Y dar con desprendimiento, sin esperar nada a cambio, sabiendo también recibir con humildad y generosidad, para no ser nosotros los únicos que damos, sino dando también a los demás la posibilidad de darnos, para que así puedan disfrutar del placer de dar.

5) impulso que nos lleva a compartir, a hacer a los demás partícipes de lo nuestro, de lo que somos, hacemos y tenemos: nuestras actividades y quehaceres, nuestros conocimientos, nuestras ilusiones y aficiones, los bienes y dones con que hemos sido agraciados.  

6) decisión en lo que se afirma, se cree, se proyecta y se emprende. El indeciso no puede amar en serio, no es capaz de adoptar o sostener una actitud amorosa; ante la menor dificultad, se derrumbará. La duda y la vacilación indican una falta de convicción y, por tanto, una deficiencia amorosa, un déficit de amor.

7) vínculo y compromiso. Disposición a vincularse, a aceptar deberes y obligaciones, a limitar la propia libertad por el bien propio y ajeno. Comprometerse firmemente con los propios ideales, principios y convicciones; comprometerse con quienes nos rodean y comparten con nosotros esos ideales, principios y convicciones.

8) entregarse de lleno a la tarea a realizar, sea esta la que fuere; llevarla a cabo con ilusión y entusiasmo, con el máximo esmero y cuidado. Amor =  “esmero con que se trabaja una obra deleitándose en ella” (DRAE). Todo lo que hagamos en la vida debemos hacerlo con amor. Como decía Teresa de Calcuta, “lo importante no es hacer pocas o muchas cosas, hacer cosas relevantes o insignificantes, sino hacerlas siempre con amor”. Por pequeña que sea la acción o labor que estamos realizando o vamos a realizar, tendríamos que hacerla con plena consciencia, de forma sabia y amorosa.

9) atender y dedicarse con devoción a quienes nos debemos, a todos aquellos con quienes estamos vinculados o en deuda. Atender y dedicarse asimismo desinteresadamente a aquellas tareas y actividades (estudio, lectura, ejercicio, conversación, etc.) que nos aportan un valioso caudal formativo, preparándonos para avanzar en la vida y para cumplir mejor nuestra misión.

10) apertura del alma y de la mente: cordialidad con puertas y ventanas abiertas, para que nosotros pueda entrar lo que nos viene de fuera (mensajes, ideas, gestos, signos, emociones, bellezas, oportunidades, caricias, etc.). Abrir el propio corazón rompiendo el aislamiento y la cerrazón del propio ego, que están motivados por el miedo, la desconfianza y el odio o el desamor.

11) propensión a abrirse al otro, a recibir lo que nos envía o nos pueda enviar (quizá sin ser plenamente consciente de ello: su mensaje vital) y a sentir lo suyo como nuestro: dolerse y alegrarse con él, ponerse en su piel, acogerle como si fuera parte de nosotros mismos.

12) disposición a la ayuda y a la colaboración, inclinación a participar con los demás en tareas vitales, sugestivas o ilusionantes. Dejar a un lado el ego, el afán de protagonismo o el deseo de significarse y destacar por encima de los demás.

13) estar disponible para el prójimo cuando requiera nuestro apoyo y en todo aquello que de nosotros pueda necesitar. No hacerse el remolón ni buscar excusas para evadirse y no tener que acudir en su auxilio.

14) estar siempre dispuesto a servir a los demás y a hacer lo que haya que hacer (lo que sea necesario y conveniente en cada situación), y hacerlo además con buen ánimo, con optimismo y temple alegre. Procurar ser de utilidad al prójimo, sin importunarle, aturdirle ni avasallarle, respetando en todo momento su libre voluntad y su espacio vital.

15) generosidad, capacidad de entrega desinteresada y de sacrificio: sin darle importancia y sin  que cueste hacerlo, sin esperar recompensa, compensación ni gratitud. Hacer las cosas con desapego, practicando la alta ética de una impersonalidad activa.

16) afirmar la vida, con todos los dones, valores y riquezas que contiene. Afirmación de la vida y del ser a pesar de todos los pesares (no obstante los sufrimientos y sinsabores que la existencia lleva consigo), tratando de descubrir su sentido (el sentido de la vida) o, dicho de otro modo, esforzándose por crear y poner sentido en el propio vivir. El Amor implica la superación de cualquier expresión o impulso de la negatividad.

17) interesarse por todo aquello que merece la pena, que es noble y valioso, y puede enriquecer por consiguiente tanto nuestra propia vida como la del prójimo. Apreciar, buscar y cultivar con ahínco todo lo bueno, bello y verdadero, en suma, todo aquello que contribuye a tener una vida más plena, más profunda y auténtica, más libre y feliz.

18) ser duro cuando hay que actuar con dureza y ser blando cuando hay que actuar con blandura, siempre en función del bien del ser querido. Para ello hay que saber violentarse, y estar dispuesto a ello, cuando la ocasión requiera adoptar una actitud o postura que no es la que nos gustaría o la que adoptaríamos de forma espontanea (la que resulta más connatural a nuestro temperamento).

19) sentir compasión hacia los seres que sufren (humanos y no humanos), pero también sentir alegría con quien se alegra, disfrutar con quien disfruta, ser feliz con quien es feliz y le van bien las cosas (justo lo contrario de la envidia). Ser receptáculo o espejo en el que se reflejan, a la vez con fidelidad y pureza, los bienes y males que suceden a los demás.

Franz von Baader:

"El amor es don y misión”  (Liebe ist Gabe und Aufgabe).  

“El misterio del amor coincide con el misterio de la vida”. (1)

“El amor es el auténtico principio organizador y articulador, que mantiene en unidad la multiplicidad y abundancia, haciendo que esta unidad se amplíe y expanda hasta alcanzar la plenitud”. 


Por Antonio Medrano

Nota:  (1) en alemán: Amar = Lieben;  Vida, vivir = Leben