jueves, 7 de febrero de 2013

EL "MATRIMONIO HOMOSEXUAL" (4/5): ¿DEBE PERMITIRSE LA ADOPCIÓN A PAREJAS DEL MISMO SEXO?

Esta cuestión es una de las que más habitualmente crea conflictos al tratar de dialogar en torno al “matrimonio homosexual”, y encona las posiciones en torno al mismo. De hecho, en más de una ocasión he oído y leído el razonamiento de “a mí me parece bien que hagan lo que quieran con sus vidas, no tengo nada contra los homosexuales… Pero no quiero que se les permita casarse porque el siguiente paso será el exigir el derecho a adoptar, y eso ya afecta a una tercera persona… Que además es menor”.

Esa simple frase, que supongo que también tú habrás escuchado en alguna ocasión, contiene mucho más de lo que parece: comienza manifestando una valoración negativa de la homosexualidad (a la que se tolera en atención al respeto a la libertad humana), a continuación se relaciona el matrimonio con el “derecho” a adoptar (¿están realmente relacionados? Y, ¿es realmente la adopción –o la maternidad/paternidad- un derecho?) y, finalmente, se pone indirectamente sobre la mesa la cuestión de si tener unos progenitores homosexuales puede influir o condicionar la orientación o elección sexual del menor.

Como que ya tratamos sobre la valoración de la homosexualidad anteayer, no voy a volver sobre el tema…  Me remito a las reflexiones de entonces.

Hoy vamos a centrarnos en las siguientes cuestiones relacionadas con la paternidad/maternidad y la adopción:

1. ¿El hecho de que se califique como “matrimonio homosexual” a ciertas uniones estables de parejas del mismo sexo va a tener como consecuencia que puedan adoptar a menores?

2.  ¿Es la paternidad, la maternidad o la adopción un derecho de los padres? ¿O más bien son los hijos quienes tienen derecho a tener unos padres con ciertas obligaciones hacia ellos?

3.  ¿Existe una relación entre tener un modelo paterno homosexual y el desarrollo de una orientación o elección sexual de este tipo?

Vamos allá:

1. ¿El hecho de que se califique como “matrimonio homosexual” a ciertas uniones estables de parejas del mismo sexo va a tener como consecuencia que puedan adoptar a menores?

Quienes valoran negativamente la homosexualidad y además temen –racional o irracionalmente, no importa ahora- que el tener unos padres homosexuales pueda condicionar la sexualidad de sus hijos, tienen auténtico terror a que las parejas del mismo sexo puedan adoptar. Lógico. Y, por ese motivo, su visión del asunto se tiñe de un color muy concreto: cualquier acción o reivindicación por parte de los colectivos homosexuales es interpretado como una maquinación de un lobby que pretende acabar con la noción tradicional de familia, imponiendo sus postulados al resto de la sociedad.

Sin negar la innegable existencia del críticamente denominado “lobby rosa” cuya radicalidad es semejante a la de los más salvajes homófobos, hay que diferenciar las cuestiones estratégicas de las conceptuales. Si hay un lobby (sea rosa o de cualquier otro color) que hace presión para imponer sus posiciones tratando de manipular a las personas, uno puede –y, en mi opinión, debe- oponerse a su maquinaciones. Pero en esa labor de oposición uno debe mantener la cabeza fría y no dejarse llevar por la demagogia de los unos y de los otros.  Hay cuestiones que pueden estar relacionadas, que pueden formar parte de una misma estrategia planificada… Pero que no son consecuencia directa la una de la otra. Y eso es lo que sucede, en mi opinión, entre la idea del “matrimonio homosexual” y el acceso legal de sus miembros a la adopción.

Aunque se reconozca el “matrimonio homosexual”, esa calificación no tiene por qué suponer inmediatamente el acceso al proceso de adopción. Del mismo modo que para proteger los intereses del menor se establece que los adoptantes (por muy casados que estén) deben tener al menos 25 años (y, en todo caso, 14 años más que el adoptado), que deben tener capacidad para ejercer la patria potestad, que no deben tener una enfermedad grave que les vaya a impedir ocuparse del adoptado, que no deben tener antecedentes penales… etc., podría establecerse como condición para la adopción –si es que nos parece mal lo contrario- que la pareja sea heterosexual. ¿Es o no es factible?

Considero, por tanto, que el hecho de que el Tribunal Constitucional haya apoyado la idea del “matrimonio homosexual” no tiene por que implicar, ipso facto, el acceso a la adopción por parte de estas parejas.

Sin embargo, sí que me temo que el lobby homosexual va a aprovechar esta denominación para exigir que se les permita adoptar, alegando que por ser “matrimonio” merecen disponer de los mismos derechos que los matrimonios heterosexuales porque, de lo contrario, nos encontraríamos ante un acto de discriminación… Y eso no es verdad, es una falacia.

Aunque a los dos se les dé el nombre de matrimonio, sus apellidos son distintos: homosexual y heterosexual…  Y eso justifica que sus efectos no sean idénticos (como sucede también con el matrimonio religioso y el civil, que tienen efectos parecidos, pero no idénticos… Sin que nadie se plantee que eso es discriminatorio).

Para concluir este primer apartado, clarifico mi posición: intelectualmente tengo claro que el hecho de que se denomine “matrimonio” a la relación estable entre dos personas del mismo sexo no tiene por qué acarrear el “derecho” de la misma a adoptar. Sin embargo, me temo que un planteamiento estratégico tratará de emplear una falacia para presionar en este sentido, aprovechando el reciente pronunciamiento del Tribunal Constitucional respecto al “matrimonio homosexual”.

2.  ¿Es la paternidad, la maternidad o la adopción un derecho de los padres? ¿O más bien son los hijos quienes tienen derecho a tener unos padres con ciertas obligaciones hacia ellos?

Ésta es una cuestión que me “calienta”, más allá del debate sobre el “matrimonio homosexual” que nos ocupa.  Cada vez que escucho la frase “me apetece tener un niño” o “tenemos ganas de tener una niña”…  Me enciendo por dentro.

Tengo claro y asumido que vivimos en una sociedad basada en el tener más que en el ser, una sociedad eminentemente capitalista y consumista, pero me revelo cuando percibo que esta civilización del tener nos lleva a desear y a poseer a las personas como si fueran cosas…  ¡Que un hijo no es un capricho, una mascota ni un gadget!

A día de hoy, hay quien instrumentaliza a sus hijos tomándolos como medio para su propia satisfacción emocional o personal…  Del mismo modo que antaño había quien quería tener muchos hijos para disponer de una mayor mano de obra para labrar el campo, o de un mayor número de guerreros para defender la patria, o de un mayor número de fieles creyentes para convertir o evangelizar el mundo… ¿Nos parecen fatal estas cosas y no nos cuestionamos la indecencia del primer planteamiento? Toda instrumentalización del ser humano al servicio de los intereses de otra persona, institución o idea es una inmoralidad, un signo de la ceguera propia del iluminado o del egoísta.

El ser humano no tiene “derecho” a tener hijos… Más bien es al contrario: tenemos necesidad y derecho a tener padres, y a que éstos se responsabilicen de habernos traído a la existencia, ofreciéndonos todos los medios materiales, emotivos, educativos y espirituales necesarios para nuestro pleno desarrollo.  Ser padre es una responsabilidad, no un derecho.

Y si la valoración que uno hace de la homosexualidad le lleva a pensar que ésta no fomenta el pleno desarrollo de la persona, no resulta incoherente, irracional ni discriminatorio respetar “el matrimonio homosexual” pero, al mismo tiempo, defender que estas parejas no puedan acceder a la adopción para defender el derecho al pleno desarrollo personal de los niños.

3.  ¿Existe una relación entre tener un modelo paterno homosexual y el desarrollo de una orientación o elección sexual de este tipo?

Ante esta tercera cuestión se me plantea un dilema prácticamente insalvable: he encontrado tantos estudios que defienden la profunda influencia de los progenitores homosexuales en la configuración de la sexualidad de los hijos, como estudios de signo contrario que afirman que no hay relación alguna entre la homosexualidad de los padres y la orientación y elección sexual de los hijos. ¿Errores de método, intereses de grupo o ineptitud? De veras que no lo sé.

Sin embargo, mi sentido común (y mi propia experiencia) me lleva a pensar que la importancia y la influencia de los progenitores en la mentalidad, personalidad y hábitos de sus hijos son muy profundas.  No determinantes, está claro, pero sí muy profundas.

Por este motivo encuentro razonable que, ante una valoración negativa de la homosexualidad, se proponga aplicar el criterio de prudencia.  Esto es, ante la duda sobre la influencia existente entre la sexualidad paterna y la de los hijos, mejor apliquemos el criterio de máxima protección para el menor… Negando el acceso de las parejas homosexuales a la adopción.

A medida que avanzamos en las 5 cuestiones de fondo que se encuentran entre las bambalinas del debate sobre el matrimonio homosexual, observamos algo que ya anunciamos en la introducción a estos artículos: todos estos temas están profundamente relacionados, se sustentan unos sobre otros, y por ello su importancia resulta capital en este debate.

Nuestra visión de la sexualidad humana condiciona nuestra valoración de la homosexualidad y del matrimonio; éstas, a su vez, van a influir profundamente en nuestra opinión sobre la adopción por parte de parejas homosexuales… Y esto, por último, nos llevará a plantearnos cuál es la función de la legislación en una sociedad democrática (tema sobre el que trataremos mañana)…

Pero en el fondo de todos los razonamientos se encuentra nuestra idea del ser humano y de su naturaleza…  Principio y fin de todas nuestras propuestas… Motor de todos mis escritos, y de todas vuestras lecturas. Sigamos puliendo juntos nuestra piedra bruta, sigamos trabajando para llegar a ser quienes podemos y debemos llegar a ser.


1 comentario:

Alvaro Mazo dijo...

El hombre ha perdido su identidad.