viernes, 24 de febrero de 2012

WHITNEY HOUSTON



"Espero que la vida te trate bien; espero que se cumpla todo aquello que soñastes y te deseo alegría y felicidad... Pero sobre todo, te deseo amor". Whitney Houston

Publicamos hoy el artículo que nos remite Martín Hernández-Palacios, escrito en marzo de 2007 para EXPANSIÓN Y EMPLEO y en donde acertadamente y casi de forma premonitoria, ponía de relieve el marcado contraste entre el indudable éxito profesional y las dificultades personales por las que ya atravesaba en aquellos momentos la magnífica cantante, que al final lamentablemente no ha sido capaz de superar.

Sirva también este artículo como sentido homenaje a una de las voces más prodigiosas, claras, elegantes, intensas, apasionadas y emotivas de todos los tiempos, cuya música siempre consiguió emocionarme, tocando con su magia ese rincón en donde algunos guardamos nuestros más profundos sentimientos, a los que con su maravillosa voz también Whitney contribuyó a dar forma.

Por eso y por encima de sus defectos, de sus problemas o de sus dificultades para encarar la vida personal, tan humanos como su increíble voz, siento una profunda deuda de gratitud con quien dando lo mejor de si misma, supo contribuir a que otros muchos pudiéramos ser algo mejores, pues todo aquello que alimenta y mantiene vivas nuestras emociones, es precisamente lo que nos permite descubrir y vivir con intensidad nuestra parte más humana.

Whitney supo encontrar dentro de ella ese maravilloso tesoro que la vida le había otorgado y con absoluta entrega y generosidad quiso compartirlo hasta el último minuto, quizás hasta el punto de olvidarse de vivir para ella misma. Tal vez por ello y como compensación, su recuerdo permanecerá indeleble en la mayoría de nosotros y su voz seguirá contribuyendo a hacer de nuestro mundo un lugar en donde, a pesar de todo, merece la pena seguir viviendo.

Por Alberto de Zunzunegui

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EL CASO WHITNEY HOUSTON

Desde el punto de vista empresarial, la dramática situación personal de la cantante y actriz norteamericana Whitney Houston, nos lleva a reafirmarnos en nuestra convicción de fomentar aún más las políticas de conciliación de la vida personal y laboral y a humanizar la empresa.

La famosa cantante y actriz Whitney Houston ha sido objeto de atención recientemente por tener que subastar más de cuatrocientos objetos personales para saldar algunas deudas. Como admirador de esta artista la sorprendente noticia me lleva a reflexionar sobre la trayectoria vital y profesional de esta excelente intérprete. Houston es una de las más cotizadas solistas del planeta y su carrera profesional está plagada de una gran cantidad de éxitos en el campo musical y del cine.

Ha obtenido seis premios Grammy, varios American Music Award y un MTV Movie Award. Llegó a vender más de cien millones de copias de sus discos y más de cincuenta millones de sencillos. Está considerada una de las tres mejores voces de toda la historia; su atracción ante el público es tal que a raíz de ser elegida en una ocasión para interpretar el himno estadounidense, consiguió que este se convirtiera en un superventas. Algunas de sus canciones alcanzaron cotas de éxito difícilmente superables y en su dilatada carrera consiguió siete números uno en estados Unidos. Además se labró su carrera a base de tesón, constancia perseverancia y un duro trabajo; sus comienzos no fueron fáciles, pero llego al estrellato gracias a su esfuerzo. Es decir, que Houston alcanzó la máxima gloria en el terreno laboral, pero la situación anímica, personal y patrimonial en la que se encuentra hoy es pésima.

Su matrimonio acabó mal, se ha divorciado de su marido Bobby Brown -  que estuvo en prisión en varias ocasiones-. Recientemente, según su portavoz Nancy Seltzer, ha sido internada en clínicas de rehabilitación de drogadictos, ha reconocido ser consumidora habitual de crack e incluso de heroína, drogas que dejan secuelas gravísimas.

El periódico británico The Sun publicó un reportaje sobre su situación en la que mostraba a la famosa cantante en un estado calamitoso: padece el síndrome de Diógenes –permanece rodeada de basura y sin ducharse-; según este rotativo, piensa que le persiguen demonios, se muerde los brazos e incluso ha realizado un agujero en la pared del baño por creerse vigilada. Es decir, ha tocado fondo en lo personal, o al menos atraviesa una grave crisis en muchos ámbitos de su vida.

Las lecciones que podemos sacar de lo que hemos leído respecto a Houston son varias. Triunfar en la vida es algo muy complicado. Indudablemente, la diva norteamericana tuvo éxito a base de esfuerzo y superación en su ámbito profesional, pero es obvio que ese gran logro no lo trasladó a su esfera personal. Esta ilustrativa historia nos da pie para reflexionar y extraer conclusiones. ¿De qué sirve llegar a ser un número uno en faceta profesional, si en la dura ascensión a la cima dejas jirones de tu piel? Es obvio que Houston es una persona inteligente y su estela vital nos hace presumir  que es trabajadora y capaz. Sin embargo, ¿qué inteligencia es la más adecuada para triunfar? Posiblemente, ella sea capaz para algunas cosas pero no para otras muy importantes.

Inteligencia Vital

Daniel Goleman nos anticipó que las mediciones tradicionales del coeficiente intelectual ya no son válidas en la sociedad actual y que la inteligencia emocional es vital para navegar por la jungla, en detrimento de los baremos más antiguos que se utilizan para medir la inteligencia. Se deben potenciar nuevos tipos de inteligencia, por ejemplo, la social, consistente en las habilidades para relacionarse con los demás.

En el libro de Karl Albrecht, La inteligencia social, el autor nos habla de los tipos que existen: abstracta, social, práctica, emocional, estética y cenestésica. Hay que intentar desarrollarlas sin concentrase solo en una; es cierto que haríamos bien en destinar el mismo esfuerzo a liderar no sólo en el terreno profesional sino también en los aspectos personales, es lo que con acierto denominó Baltasar Gracián “el arte de ser dichoso”.

Desde el punto de vista empresarial, la dramática situación personal por la que atraviesa la admirada cantante norteamericana, nos lleva a reafirmarnos en nuestra convicción de fomentar aun mas las políticas de conciliación de la vida personal y familiar, a humanizar la empresa, también a deducir que lo que ganamos por un lado –el profesional-, se puede derrumbar por la otra vertiente, -la personal-, por el plano afectivo y familiar. Esperemos que la prodigiosa voz de Houston vuelva a emocionarnos pronto y que su historia no se repita. Vienen a colación las palabras de Francois Mauriac: “De nada sirve al hombre ganar la Luna si se llega a perder la Tierra”, el equilibrio debe presidir nuestro viaje.

Por Martín Hernández – Palacios