viernes, 30 de diciembre de 2011

ANTECEDENTES HISTÓRICOS HISPANO-EUROPEOS EN PERÚ - I

FLOTA COLVM en la mar a las Yndias del Pirú
Guaman Poma (1556 - 1644)
El profesor norteamericano Richard M. Morse en su ensayo El Espejo de Próspero  hace referencia a lo que llama la Prehistoria europea de las Américas, período que obviamente incluye también al Perú y sin el cual no es posible una cabal comprensión del proceso formativo de las naciones como la nuestra. Tal período señalado por Morse va desde el siglo XIII al XVII y en él ocurren cruciales desarrollos «de urbanización, de ascenso de la burguesía, consolidación de los estados nacionales, pluralización religiosa, desarrollo capitalista, expansión ultramarina y cientifización de la visión del cosmos del hombre”.

A su vez y refiriéndose a ese mismo período el filósofo mexicano Leopoldo Zea destaca como a  fines del siglo XIII Tomás de Aquino había dado lugar a su famosa Summa Theologica, aquel gran sistema metafísico que establece  las bases filosóficas  de un orden cósmico afín al orden político vigente en el medioevo, y que al concebir a Dios como razón  se accede a la comprensión de la realidad instituida por el propio Dios.

Ahora bien, frente a este apogeo escolástico encarnado en la Summa Theologica,  se yergue la llamada filosofía teológica de los franciscanos ingleses de Oxford: Roger Bacon, Duns Scoto y Guillermo de Ocam cuya concepción es la de «individuos que nada quieren saber de un orden que los trasciende y domine». Como señala Zea las semillas del antropocentrismo moderno ya estaban lanzadas a la Historia, semillas que «disolverán el gran sistema metafísico del Doctor Angélico».

Los franciscanos ingleses devienen así en una suerte de campeones de una visión que en abierta oposición a las posiciones tomistas, echaban las bases de una filosofía cada vez menos teológica y más doctrinariamente laica. Estamos frente a las manifestaciones tempranas de lo que iba a ser la modernidad renacentista y que iban a dejar sin fundamento no sólo al orden cósmico medieval de Tomás de Aquino sino al propio orden socio-político que del tomismo se derivaba.

Se da así, de hecho, una renuncia filosófica a la comprensión no sólo de la racionalidad y del conocimiento de Dios, sino también a la aprehensión de lo divino en la esencia de la Naturaleza —caras afirmaciones en la visión escolástica—,  y que al renunciar a ella surgió una nueva concepción: la de un entendimiento funcional de la naturaleza y de lo puramente fenoménico. Para Leopoldo Zea se ve aquí el fundamento de la visión moderna de lo utilitario a ultranza, así de ahora en adelante la naturaleza debía ser transformada para servir a los intereses y propósitos del hombre, referencia protagónica y obligada para el hombre moderno.

Así, el ser humano en la visión franciscana inglesa, si bien queda dotado de razón, es ahora un ente aislado de Dios, sólo dispone de aquella razón puramente humana y la que dispondrá para el conocimiento ‘racional’ de la naturaleza, ésta en su condición de ser puramente funcional, por ende ahora la naturaleza debía ser transformada para servir a los fines humanos.

Este antecedente: rol decisivo del pensamiento reformador de los frailes ingleses, es uno de los factores que contribuirá a que Inglaterra surgirá como la campeona de la nueva visión de la modernidad, en contraste con el rol histórico de España que frente a los nuevos tiempos asume la responsabilidad de rescatar el legado y la riqueza del pensamiento escolástico en la versión de Santo Tomás de Aquino, rol el de España al que haremos referencia en la siguiente nota y  que con la herencia de la sabiduría y experiencia histórica de lo americano prehispánico devendrán en los dos grandes factores decisivos del complejo proceso formativo del Perú.

El período europeo entre los siglos XV y XVI,  al inicio de los Tiempos Modernos, será testigo del surgimiento de  Inglaterra y España como dos naciones de singular gravitación en Europa, Inglaterra encarnando las tendencias que irán dando forma a la era de la modernidad —era que perdurará hasta nuestros días—,  en tanto que España, fortalecida con el descubrimiento de América y frente a la insurgencia del protestantismo, asumirá el rol de defensor del legado de la tradición cristiana y humanista.

Así en tanto que Inglaterra acogía  la nueva visión de los franciscanos ingleses de Oxford y hacía suyos los nuevos tiempos de la modernidad,  España se opuso a tal visión que implicaba la desvalorización de la perspectiva de Santo Tomas de Aquino, y se aboca a una  visión que conciliando la irrupción de los Tiempos modernos no  cortara el cordón umbilical con la perspectiva neoescolástica del catolicismo.

No es difícil inferir la abierta contraposición filosófica entre la posición de Inglaterra, que encarnaba la novedad de era de la modernidad, era que evolucionará hasta la actual postmodernidad; versus la posición de España aferrándose a la tradición del humanismo escolástico. Así, si España católica abrazó la creencia católica del paraíso celestial, la Inglaterra ‘moderna’ sólo aspirará un paraíso de orden terrenal nada utópico.

Los contrastes entre lo inglés y lo español se irán acentuando conforme se fue afirmando la modernidad. España quedará simbolizada en ese binomio de polaridades entre un Don Quijo­te y un Sancho Panza, aquel iluminado por la locura caballeresca bus­cando la  gloria altruista del deshacedor de entuertos, y Sancho, con los pies en la tierra y con un gran caudal de sabidu­ría práctica aunque con un cierto tinte de escepticismo. Inglaterra en contraste con el altruismo quijotesco que encarnaría España, se afirmará en un pragmatismo utilitario que no vacilará  en honrar con el título de Sir a algún despiadado filibustero en tanto que sus acciones fueran de provecho para la nación inglesa,

Hay en este significativo contraste algo que nosotros los hispanoameri­canos debemos tener siempre muy presente, y es que para España y para nuestras naciones hispano- americanas  hay más una identificación con lo que encarnaba aquella dualidad de de don Quijote y Sancho Panza. Al respecto Leopoldo Zea cita al español Joaquín Costa quien al referirse a esta identificación cervantina nos  dice que en ello «pueda estar la posibilidad del porvenir de las naciones que bajo la sombra de don Quijote son enderezadores de entuertos y paladines de justi­cia de los despojados y sufridos hombres de la tierra».

En esa identificación con Don Quijote y Sancho Panza, se puede reconocer y comprender mucho del sentido de no pocos de nuestros rasgos idiosincrásicos, ya sea como ‘enderezadores de entuertos’ en el ámbito de la política internacional, defendiendo la no intervención en la soberanía de los pueblos o mostrándonos afines hacia una solidaridad universal de todos los pueblos. Pero también podemos referirnos a ese otro prototipo de un Sancho Panza prudente y con los pies en la tierra, que profesa cierto grado de realismo  ante la vida, incluso no exento de cierto escepticismo, pero sin embargo con una buena predisposición hacia el logro de nuestros sueños.



Bibliografía:

Richard M Morse, El Espejo de Prospero. Siglo XXI- Editores.
Leopoldo Zea, El Pensamiento Latinoamericano. Ariel.

Lecturas Recomendadas:

Guamán Poma de Ayala, Nueva Crónica y Buen Gobierno.
José Enrique Rodó, El Mirador de Prospero. Editora Nacional-México.
Leopoldo Zea, Filosofía de la Historia. Tierra Firme.
Julián Marías, Historia de la Filosofía. Revista de Occidente.