domingo, 25 de diciembre de 2011

EL SILENCIO DE LA NAVIDAD

“Honraré la Navidad en mi corazón 
 y procuraré conservarla durante todo el año”. 
Charles Dickens 

Hay momentos en los que el silencio inunda todo lo que nos rodea… en los que el tiempo parece detenerse… Momentos que convierten la noche más fría en la escena más cálida.       Silencio para escuchar la nieve al caer, el arrullo intermitente de las estrellas o las suaves caricias del  mar. Momentos que se alejan del ruido cotidiano, para hacer de ellos algo especial, casi mágico. A veces, en alguno de esos momentos, hasta podemos llegar a oirnos a nosotros mismos… 



Shhhhh… silencio.



Momentos para beber de la botella del silencio y dar unos tragos de paz… Que a veces nos embriagan hasta hacernos olvidar que detrás de cada silencio, detrás de cada susurro, detrás de cada uno de esos tragos, se esconde el trabajo, la dedicación y el esfuerzo de aquellas personas que hacen posible nuestos sueños. También el sonido del silencio encubre a los que claman por un sueño, o los que sueñan con poder soñar… en silencio. ¿Cuánto vale un momento de paz?... 
¿Y un instante de felicidad?...


Pregúntaselo a los que no lo tienen.



Vive de forma intensa los momentos de tranquilidad y silencio; escucha el sonido de la nieve al caer, el arrullo de las estrellas o las caricias del mar… Pero sobre todo en estos días, escucha también el latido de tu corazón, el silencio de los que sufren, la generosidad de los que hacen posible tu felicidad desde el silencio... e incluso a los que sin querer, no saben callar. 
Deja volar tus sueños y sonríe siempre al despertar.





Shhhhh, silencio… ¡Ya es Navidad!



Por Alberto de Zunzunegui


1 comentario:

Enrique de la Piedra A. dijo...

Días como la Navidad deberían ser propicios para el silencio y la reflexión profunda consigo mismo, sin embargo la posmodernidad en que hoy vive Occidente, virtualmente ha paganizado la Navidad al extremo de que en medio de toda la vocinglera agitación no queda tiempo ni el más mínimo pensamiento para recordar el porqué de la Navidad, cuando el mundo que se dice cristiano debería hacer un alto y dedicar siquiera unos instantes en cobrar conciencia del alborozo de que nace una esperanza luminosa en pro de la paz entre los 'hombres de buena voluntad'.

Occidente se jacta de su superioridad respecto a Oriente pero cuanto bien nos haríacon humildad sumirnos en esa vocación tan cara de las tradiciones orientales de recogimiento, calma y silencio y no sólo en determinado día como éste de la Navidad sino en cada día de nuestro andar por este mundo.

Quizás haya que emprender todo un movimiento por orientalizar el cristianismo, y asi revitalizar el el sello judeo-cristiano que por más que hoy empalidece cada vez más, es que el que distingue y ha forjado a Occidente.

Quizás es hora de ir congregando lo que podríamos llamar una 'masa crítica' de neo-cristianos que ayuden a restaurar en este mundo la escala de lo humano, de la sabiduría y de los valores, y que lo hagamos a tiempo antes que terminen por colapsar los cimientos que dieron lugar al Occidente judeocristiano.