lunes, 20 de diciembre de 2010

LA REGENERACION SOCIAL: UNA NECESIDAD URGENTE. LA RESPONSABILIDAD DEL LIDERAZGO


Si algo se pone de manifiesto cuando uno lee la prensa, escucha los telediarios, participa en determinados foros o atiende a las tertulias económicas o políticas de radio y televisión, es la delicada situación por la que atraviesan España y Occidente. Ello a su vez pone de relieve la necesidad urgente de conseguir una regeneración social y en particular aquella que haga recobrar a la sociedad el sentido común y una vuelta a sus valores esenciales. Algo que consiga que nuestra sociedad sea SOSTENIBLE, que es el requisito indispensable para la supervivencia del ser humano.

Para ratificar esta situación, bastaría con adentrarse un poco más en el análisis de los valores necesarios para constituir una sociedad sostenible. Así y tomando como base la clasificación que establece Antonio Medrano, los VALORES SOCIALES fundamentales y sus correspondientes antivalores, serían los siguientes:


EL ORDEN: orden universal / desorden moral, intelectual
LA UNIDAD: armonía, paz / fragmentación social, discordia
LA CULTURA: maduréz, conocimiento / ignorancia, desconocimiento
LA FORMA: cortesía, formalidad / informalidad, zafiedad
LA EDUCACION: formación en valores, del carácter / deformación
EL DEBER: rectitud, obligación / dejación, anarquía
LA SERIEDAD: responsabilidad, puntualidad / irresponsabilidad, trivialidad
EL COMPROMISO: vinculación, pertenencia / desapego, indiferencia
EL RESPETO: tolerancia, (admiración y gratitud) / intolerancia, insumisión
LA LEALTAD: fidelidad, (confianza) / deslealtad, traición
LA PALABRA: comunicación, diálogo / incomunicación, incomprensión
EL PATRIOTISMO: civismo, respeto a leyes y costumbres / incivismo, desapego

Dichos valores están inspirados en los dos principios universales de la creación: LA INTELIGENCIA y EL AMOR, que a su vez dan origen a los tres valores primegenios o esenciales: EL BIEN, LA VERDAD y LA BELLEZA.


CRISIS DE VALORES: ORIGEN DE LOS PROBLEMAS QUE NOS AFLIGEN

De esta manera, al analizar mínimamente cuáles son los pilares sobre los que se asienta nuestra sociedad y compararlos con la situación que estamos viviendo, se percibe con claridad que en la génesis de los problemas actuales se encuentra una profunda CRISIS DE VALORES, que es, en esencia, la verdadera patología que aflige al hombre occidental del siglo XXI.

Así, mientras los mencionados valores primarios, el bien, la verdad y la belleza, están en claro retroceso, se produce una proliferación y una exaltación aberrante de sus correspondientes antivalores: la maldad, el dolor, el perjuicio; la falsedad, el engaño, la artimaña; la fealdad, la deformación, lo grotesco. Y por encima de todo, un profundo EGOISMO.
De la misma manera, también podemos estar razonablemente de acuerdo, en que cualquier solución para regenerar a nuestra sociedad debería pasar –o al menos sería deseable que así fuera- por esos dos principios eternos y universales: LA INTELIGENCIA y EL AMOR. Inteligencia entendida como sabiduría, conocimiento, ciencia, equilibrio, comprensión de la vida, de nuestro mundo, de nuestros semejantes. Amor, entendido como generosidad; amor por nosotros mismos; amor por el bien, la verdad y la belleza; amor por la naturaleza en todas sus manifestaciones; amor por el ser humano, por lo que hemos sido, somos y seremos; amor por el pasado, por el presente y por el futuro de nuestra sociedad. Amor por la Vida.

El retroceso de estos dos principios universales pone en serio peligro nuestra existencia y nuestra continuidad como especie. Así, una sociedad que fomenta el embrutecimiento, la necedad, la incultura y la ignorancia; una sociedad que promueve la egolatría, el odio, el aborrecimiento, la deshumanización y el desamor, es UNA SOCIEDAD ABOCADA A LA INVOLUCIÓN Y A LA DESTRUCCIÓN. Una sociedad, como la nuestra, regida por poderosísimas corrientes de intereses particulares, que nada tienen que ver con eso que denominamos inteligencia o amor, es una sociedad marchita y decadente. En definitiva, una sociedad en la que prevalecen las peores pasiones y los vicios o defectos más arraigados en el lado oscuro del ser humano, como el egoísmo, el apego al poder, las envidias, la codicia, el hedonismo, el materialismo, el nihilismo o el consumismo desmedido, es una sociedad, cuando menos, poco deseable y con un futuro incierto. Vicios y defectos que a todos, en mayor o menor medida, nos terminan por afectar. Quizás, porque esos aspectos también forman parte de nosotros y porque con frecuencia, además de ser víctimas, también nos convertimos, inevitablemente, en cómplices. Incluso a veces, en verdugos.


LA TERRIBLE COMBINACION DE PODER, DINERO Y TECNOLOGIA

Afortunadamente, hasta ahora y a lo largo de la historia, la tecnología o más bien la ausencia de ella y el alcance importante, pero limitado, del dinero, han permitido mantener un cierto equilibrio o moderación entre el lado oscuro y la parte más humana de nuestra especie. Un equilibrio que no venía dado necesariamente por el autocontrol, la moderación, el amor por nuestros semejantes o en virtud de esa dualidad universal que mantiene el equilibrio entre el mal y el bien, entre la luz y la oscuridad –el ying y el yang de las filosofías orientales-, sino sobre todo por los límites impuestos por los medios de manipulación, control y destrucción al alcance del ser humano. Un límite al que también contribuía el sentimiento religioso de la vida y la importante influencia de nuestra herencia cristiana, lamentablemente aspectos que hoy se encuentran en claro retroceso. Un límite que hasta ahora también venía impuesto por la posibilidad de sobrevivir, incluso en ausencia del dinero. Con todo, la sociedad también ha venido estableciendo ciertas barreras a la hora de aceptar que determinados individuos lleguen a hacerse con el poder y siempre ha habido excesos que, incluso para una civilización decadente, no son tolerables, como aquellos que constituyen un riesgo para la raza humana y en particular – y ese es el verdadero límite-, todo aquello que pone en peligro la continuidad y el “statu quo“ de los poderes económicos o políticos establecidos.

Sin embargo, a medida que la sociedad ha ido “evolucionando” y particularmente en las modernas civilizaciones occidentales, el equilibrio parece estar rompiéndose de manera definitiva: el desarrollo tecnológico y el aumento del poder y alcance de la economía de consumo y del dinero en general, están desnivelando la balanza y dando origen a la peor crisis de la historia de la humanidad. Una tecnología a la que cada día se tiene mayor facilidad de acceso, incluso por parte de elementos altamente peligrosos para nuestra sociedad. Una tecnología cuyo alcance, a todos los niveles, es cada vez mayor y que incluye la posibilidad de una destrucción total, o parcial a gran escala, de nuestra especie. UNA TECNOLOGÍA QUE, SIN DUDA ALGUNA, FACILITA NUESTRAS VIDAS, PERO QUE A LA VEZ CONFIERE LA POSIBILIDAD DE MANIPULAR A LAS MASAS A TRAVÉS DE LOS MEDIOS DE COMUNICACIÓN Y MEDIANTE EL FOMENTO DEL CONSUMO MASIVO E INDISCRIMINADO DE BIENES Y SERVICIOS NO SIEMPRE NECESARIOS, configurando un perverso sistema retroalimentado.

Respecto a los medios de comunicación y en particular sobre la televisión, que es el medio por excelencia, Robert Spaemann nos recuerda: “La televisión destruye sistemáticamente la diferencia entre lo normal y lo anormal, porque en sus parámetros lo normal carece en sí de interés suficiente y siempre habrá entonces que enfrentarlo a una alternativa. Su criterio no es la difusión de los valores y los principios sino el provocar el mayor impacto”.

Paralelamente y también en parte impulsado por el desarrollo tecnológico, EL DINERO SE HA CONVERTIDO EN UN ELEMENTO ESENCIAL DE SUBSISTENCIA, EN EL EJE SOBRE EL QUE, INEVITABLEMENTE, GIRA NUESTRA VIDA, transformando su innegable utilidad, en un auténtico culto enfermizo, en una idolatría obsesiva y fanática, que más allá de un sano y legítimo derecho de prosperidad y bienestar, ha llegado a convertirse en un yugo al que sometemos nuestra voluntad, nuestra libertad, nuestros valores, e incluso la propia razón de nuestra existencia.

Casi sin darnos cuenta, la civilización occidental parece ir avanzando hacia posiciones difícilmente asumibles desde el punto de vista ético. Lo que hasta hace muy poco nos sonaba a ciencia ficción, empieza a materializarse ante el análisis de lo que esta ocurriendo. Por eso, ya no resulta descabellado pensar que cada vez estamos más cerca de ese “Mundo Feliz”, que pronosticaba Aldous Huxley en 1932 y en el que ya advertía sobre la peligrosa combinación que constituye la unión de la tecnología y el poder. Al igual que en su novela, parece que en nuestra sociedad la felicidad sólo se puede alcanzar tras prescindir de elementos como la familia, la cultura, el arte, la religión o la filosofía… La diferencia, la grandísima diferencia, es que, a cambio de esas renuncias, en la novela de Huxley, la pobreza y las guerras han sido erradicadas. Si así fuera en la realidad, tal vez yo también aceptaría con resignación ese modelo de sociedad. No tenemos nosotros esa suerte y nuestra compensación no son más que unos efímeros fuegos artificiales, unas miserables combustiones fatuas, que hacen sucumbir a nuestro planeta bajo el hedor del hambre y la destrucción. Y así, no sólo es prácticamente imposible encontrar la felicidad, salvo que uno se suma en la más completa ignorancia y acalle su conciencia, sino que EL MODELO ES MANIFIESTAMENTE INSOSTENIBLE.

De esta forma y gracias al consumismo, al poder creciente del dinero y a la mala utilización de los modernos medios de comunicación, en especial a través de la televisión y el tratamiento binario de la información, EL SER HUMANO –O MEJOR DICHO LA PARTE MÁS HUMANA DEL SER HUMANO- ESTA PERDIENDO LA BATALLA, PUES SE ESTÁN TRASTOCANDO A GRAN VELOCIDAD LOS VALORES DE REFERENCIA, HASTA EL PUNTO DE QUE UNA VEZ ANIQUILADOS LOS ÚLTIMOS REDUCTOS DEL PENSAMIENTO CRÍTICO, NUESTRA SOCIEDAD DIFÍCILMENTE TENDRÁ UNA POSIBILIDAD DE VUELTA ATRÁS.

Así, en España y en general en las sociedades occidentales, existe un “stablishment” en donde LOS PODERES ECONÓMICOS Y POLÍTICOS SE HAN ADUEÑADO DE LA SOCIEDAD, HASTA EL PUNTO DE MANIPULARLA A SU ANTOJO. DISFRAZAN SU MISERABLE ACTUACIÓN BAJO LA APARIENCIA DE DEMOCRACIA, LIBERTAD Y BIENESTAR, PERO LO UNICO QUE PERSIGUEN ES AGRADAR A LA MULTITUD, SIN IMPORTAR SI LO QUE ÉSTA DEMANDA CONTRAVIENE LOS VALORES Y LOS PRINCIPIOS ÉTICOS MAS ELEMENTALES, PUES EL OBJETIVO NO ES OTRO QUE CONSEGUIR LOS VOTOS NECESARIOS PARA SEGUIR EN EL PODER. Esto tampoco es nuevo en nuestra historia y ya en el siglo I a.C. Marco Tulio Cicerón escribía al respecto: “Quien está pendiente de los caprichos de la multitud ignorante no puede ser contado entre los grandes hombres”.

Y casi dos mil años más tarde, un gran humanista como Gregorio Marañón nos recordaba algo similar: "La multitud ha sido en todas las épocas de la historia arrastrada por gestos más que por ideas. La muchedumbre no razona jamás" .

Lamentablemente, en nuestra sociedad los grandes hombres brillan por su ausencia y son, precisamente, los caprichos de la multitud los que determinan y orientan en muchos casos las actuaciones de los poderes económicos y políticos. Unos caprichos retroalimentados a través del control de los medios de comunicación, de los órganos de poder públicos y privados, de la destrucción de la cultura, la religión y los valores de referencia, de la injerencia en la justicia, e incluso de la manipulación de las leyes que regulan la vida en sociedad. Paralelamente, e impulsado por toda esta corriente, se fomenta un consumismo desaforado, que nos convierte en esclavos del dinero, hasta el punto de necesitar prostituir nuestros valores y nuestros ideales, para poder pagar las facturas a fin de mes. Y es que para mantener y disfrutar nuestro nivel de vida, para aceptar el sistema social en el que estamos inmersos, INEVITABLEMENTE DEBEMOS SOMETER Y AMORDAZAR A NUESTRA CONCIENCIA. Lo contrario sería sencillamente insoportable.

Inmersos en este patrón de decadencia moral y social, CUANDO NO EXISTE UN INMEDIATO PELIGRO PARA LA VIDA EN SU CONJUNTO Y EN UN ESCENARIO FAVORABLE A LOS INTERESES DE DETERMINADOS GRUPOS DE PODER, LA TOLERANCIA Y EL MARGEN DE PERMISIVIDAD AUMENTAN HASTA LÍMITES INSOSPECHADOS, especialmente cuando la sociedad civil brilla por su ausencia, cuando los valores están en crisis, la religión desaparece, o allí donde la incultura, la necedad, la indolencia y la estupidez humana asientan sus reales. El espacio vacío que dejan la ausencia de inteligencia y la carencia de amor, es inmediatamente ocupado por la ponzoña y el detritus que también llevamos dentro los seres humanos, especialmente cuando ello es alentado, alimentado, promovido y manifiestamente recompensado, por una sociedad que ha extraviado el rumbo.


NUESTRA RESPONSABILIDAD. LA RESPONSABILIDAD DEL LIDERAZGO. DISTINCION ENTRE LA ETICA DEL DEBER Y LA ETICA DE LA RESPONSABILIDAD CRISTIANA.

COMO CONSECUENCIA DE TODO ELLO, EL PENSAMIENTO CRÍTICO DEL SER HUMANO VA DESAPARECIENDO, HASTA INSTRUMENTALIZAR Y RELATIVIZAR TODO, HASTA ADMITIR LO INADMISIBLE. La educación se manipula –especialmente la educación en valores- y se va relegando a un segundo plano. La religión se abandona, para terminar adorando a los dioses del dinero y el poder, a los ídolos de la fanfarria y el esperpento; para arrodillarse ante las deidades de la estadística y la intención de voto. Tal y como señala Robert Spaemann cuando distingue entre la ética del deber y la ética de la responsabilidad cristiana, EN EL MEJOR DE LOS CASOS, CUMPLIMOS CON NUESTROS DEBERES EN BASE A LO LEGALMENTE ESTABLECIDO Y EN FUNCIÓN DE LO SOCIALMENTE CORRECTO, PERO ADORMECEMOS EL CÓDIGO ÉTICO Y DEJAMOS A UN LADO LA VERDADERA RESPONSABILIDAD MORAL QUE TENEMOS CON NOSOTROS MISMOS Y, SOBRE TODO, CON NUESTROS SEMEJANTES.

Por descontado, con toda probabilidad no existe un plan general, una única estrategia, o una fuerza oculta que manipule todo estos mecanismos para conseguir unos fines determinados. Es algo más sencillo: se trata únicamente de una suma de pasiones humanas, de una confluencia de intereses; de nuestros peores defectos y sus mayores exponentes haciéndose con el control de la sociedad.

Esto es algo que ya esta ocurriendo y basta con abrir los ojos y mirar a nuestro alrededor, para darse cuenta de la gravedad de la situación, de que la misma es insostenible y que el equilibrio que mantiene el orden social que conocemos esta a punto de romperse. En mi opinión, QUIZÁS NO NOS QUEDEN MÁS ALLÁ DE DIEZ AÑOS, ANTES DE QUE NUESTRA SOCIEDAD EMPIECE A DESCOMPONERSE DE MANERA DEFINITIVA E IMPARABLE… SI NO HACEMOS ALGO ANTES POR EVITARLO. Y si alguien cree que esta situación es sostenible, bastará con mirar hacia atrás en la historia, para darse cuenta de la dificultad de invertir la decadencia de una civilización una vez ésta ha adquirido cierta inercia, o en qué terminan los desequilibrios sociales, cuando alcanzan determinada magnitud.

Por ello, creo que no es exagerado decir que EL TIEMPO SE NOS ACABA; que cada día que pasa la situación se va deteriorando a pasos agigantados y que el terreno empieza a estar abonado para que las catástrofes empiecen a suceder en cualquier momento… O mejor aún, ¿no han empezado a ocurrir ya? El embrutecimiento de nuestra sociedad, la pérdida de valores, o el relativismo galopante se han convertido en algo con lo que convivimos a diario. Hechos como el 11-S o el 11-M, las guerras por el petróleo o las crisis financieras y económicas o los éxodos impulsados por el hambre, ya son una realidad y un indicador claro de la fragilidad de un sistema que hasta hace poco parecía incuestionable y cuya sostenibilidad suscita hoy, cuando menos, serias dudas. El aumento de la corrupción, los gastos suntuosos de ministerios, autonomías y ayuntamientos, o incluso la mansa oposición y el propio gobierno del Sr. Zapatero y su pléyade de incompetentes, son otros ejemplos de la decadencia en la que estamos inmersos. ¿De verdad pensamos que nuestra sociedad puede soportar por mucho más tiempo tanto despropósito? Desde luego y a juzgar por nuestra laxitud, parece que muchas veces preferimos ignorar el altísimo precio que al final estamos pagando, pero sin duda ESTAMOS MALVERSANDO NUESTRA EXISTENCIA E HIPOTECANDO NUESTRO FUTURO.

Winston Churchill, uno de los más grandes líderes de la historia reciente, supo entender el compromiso y el sacrificio que implicaba cualquier reto de cierta embergadura y así nos lo recordaba en una de sus frases más acertadas: “El precio de la grandeza es la responsabilidad”. Pero lejos de ello, LA CLASE DIRIGENTE, NUESTROS POLÍTICOS Y EN GENERAL TODOS AQUELLOS QUIENES TIENEN LA POSIBILIDAD, LA OBLIGACIÓN Y EL DEBER DE INTENTAR PONER REMEDIO A LA SITUACIÓN, SE DEDICAN MAYORITARIAMENTE A DEFENDER SUS INTERESES PARTICULARES, ELUDIENDO SIN DUDA SU MAYOR RESPONSABILIDAD.

Una clase dirigente –tanto política como civil-, mayoritariamente indigna, infame, irresponsable, insana, iletrada, impresentable, inhumana, desleal, y absolutamente mediocre, inconcebible en una sociedad evolucionada y que de forma invariable esta llevando a la raza humana a su destrucción. Una clase dirigente, que como en un negocio piramidal, su única preocupación consiste –y eso es lo único que nos concede un tiempo todavía- en ir pasando la bola hacia abajo, para que toda la podredumbre que están generando no les estalle entre las manos y les impida disfrutar de todos esos bienes –riqueza y poder- acumulados de forma tan infame. Olvidan, en medio de esa orgía de destrucción de valores, dentelladas entre ellos y patadas a la vida, que antes o después las cuentas y los balances terminan por ajustarse y que CUANDO SE ROMPEN LOS EQUILIBRIOS SURGE LA CATÁSTROFE, A MODO DE LEY UNIVERSAL, COMO ÚNICO REMEDIO PARA VOLVER A UN ESTADO DE EQUILIBRIO. El consuelo es que no existe un lugar en el futuro para ellos: o bien porque nuestra sociedad habrá sido capaz de evolucionar y no admitirá semejante perfil entre sus líderes… o bien porque la sociedad habrá dejado de existir como tal. Obviamente, mi empeño es luchar por la primera de esas opciones.

Por descontado, no se puede eludir el hecho de que los impulsos suicidas que empujan nuestra sociedad hacia la destrucción, forman parte de las peores pasiones que acompañan al ser humano desde el mismo origen de la especie y por ellas nos llevamos aniquilando desde hace miles de años. Aspectos que forman parte de los instintos más primitivos, fijados en nuestro paleoncéfalo, algo que constituye parte de la herencia genética y que forma parte de lo que en definitiva somos.

Con todo, la evolución del ser humano ha propiciado la aparición paulatina de un pensamiento reflexivo, que ha ido desplazando el comportamiento instintivo, algo que también forma parte del proceso evolutivo de nuestra especie y que por lo tanto, no sólo es un objetivo alcanzable, sino que es el que debería orientar nuestras acciones. Por ello, RESULTA PARADÓJICO QUE EL MODELO SOCIAL QUE HEMOS CREADO, EN LUGAR DE INDUCIR A LA REFLEXIÓN Y AL PENSAMIENTO CRÍTICO, ESTA IMPONIENDO UN REGRESO A LA RUTINA, AL ACTO INSTINTIVO, A LA FUNCIONALIDAD Y A LA NECESIDAD DE SOBREVIVIR EN UN ENTORNO ALTAMENTE HOSTIL. Sin darnos cuenta, hemos creado una sociedad que también fomenta y propicia nuevamente el desarrollo de ese cerebro reptiliano, frente al pensamiento reflexivo del neocórtex, en lo que podría estar convirtiéndose en el principio de un terrible proceso involutivo, también a nivel fisiológico, de nuestra especie.

Afortunadamente en medio de este oscuro panorama, siempre hay un lugar para la esperanza, pues son muchas las personas que no se resignan y que son capaces de dar la batalla… y la talla. Personas admirables que están a la altura de su grandísima humanidad, que no dudan en dar lo mejor de sí mismos y que están dispuestos a defender aquello en lo que creen. A ellos les debemos algunas de las mayores muestras de generosidad, de inteligencia y amor, y muy probablemente que la raza humana haya sobrevivido hasta hoy. Desde Jesús de Nazaret, hasta Mahatma Gandhi y la Madre Teresa de Calcuta. Desde el anonimato del que empuja una silla de ruedas, hasta quien da su vida por los demás con humildad y en silencio. El maestro o el médico, que enseñan o curan desde la abnegación y la vocación. El policía, el trabajador social o el voluntario, que creen que lo hacen vale infinitamente más de lo que por ello les pagan y pese a ello siguen haciéndolo… con una sonrisa en su cara y la felicidad en el corazón. La enfermera o el religioso, que entregan su vida a dar y preservar la vida, que lavan escaras y conviven a diario con la enfermedad y la miseria humana. El pequeño empresario, que lo arriesga todo por un proyecto desde la ilusión y el sacrificio, posibilitando y manteniendo en funcionamiento el sistema económico. Padres y madres, que en una sociedad hostil para la familia, se empeñan en sacar a sus hijos adelante contra viento y marea, sacrificándolo todo por tan noble y elemental labor, sin la cuál el ser humano dejaría de existir. Millones de héroes públicos y anónimos que día a día y a lo largo de la historia, han entregado o dedicado toda o una parte de sus vidas a paliar el dolor de sus semejantes, a perpetuar nuestra especie y a encontrar la felicidad a través de la felicidad de los demás.

Considero su ejemplo como la luz que debería guiarnos a todos. Al menos, aunque sólo fuera para saber cuál es el rumbo a seguir y en qué dirección debería evolucionar la humanidad. Al menos, para saber que ese es el camino de la inteligencia y el amor... probablemente, también el de la sabiduría. Es su ejemplo el que me recuerda la obligación que tengo ante mí, ante ellos y ante esos principios inherentes a la propia condición humana. Así lo siento y así lo veo; renunciar a ello sería como apartar la mirada ante la realidad o más sencillamente, poner una mordaza a la conciencia, algo que veo hacer a diario a mí alrededor y en base a las más inconsistentes y peregrinas excusas que uno pueda imaginar. Y eso cuando alguien se molesta en darlas. Precisamente y respecto a la generosidad, Cicerón ya supo identificarla, hace dos mil años, como una de las mayores virtudes que podía poseer un ser humano: “No hay nada que indique más a las claras un ánimo ruín y apocado que el amor a las riquezas, ni cosa que muestre un alma grande y noble como despreciar el dinero si no lo tienes, y si lo tienes usarlo generosamente en beneficio de los demás”.

Llegados a este punto y aún aceptando que se pueda cuestionar la proximidad del peligro, también sería fatuo y enormemente pretencioso pensar que cualquiera de nosotros, por sí sólos, podamos cambiar las cosas. Pero LO QUE SI PODEMOS HACER Y MUY PARTICULARMENTE AQUELLAS PERSONAS QUE OCUPAN PUESTOS DE LIDERAZGO, ES ABRIR LOS OJOS A LA REALIDAD Y A SU VEZ AYUDAR A DESPERTAR A NUESTRA SOCIEDAD, o más sencillamente, a aquellos que tienen los conocimientos y las facultades necesarias para hacerlo. Unos y otros son los que deben ayudar a recuperar el rumbo extraviado; unos y otros son los que deben liderar el movimiento de cambio y tomar de nuevo el mando.

Alcanzar un consenso en cuanto a la forma concreta de conseguir esa necesaria regeneración social, no es tarea sencilla y lo mismo ocurre con el grado de implicación o el papel que estemos dispuestos a asumir frente a la situación actual, algo que sin duda entronca directamente con las circunstancias personales de cada uno. Aún con todo, creo que no sería difícil aceptar que AQUELLAS PERSONAS A LAS QUE LA VIDA HA FAVORECIDO CON UN RAZONABLE GRADO DE CONOCIMIENTO, CIERTAS DOSIS DE CULTURA Y LA OPORTUNIDAD DE HABER SIDO EDUCADAS EN VALORES O EN LA ESENCIA DEL CRISTIANISMO, TENEMOS UNA RESPONSABILIDAD QUE NO DEBERÍAMOS ELUDIR. Como decía José Ortega y Gasset: “No somos disparados a la existencia como una bala de fusil cuya trayectoria está absolutamente determinada. Es falso decir que lo que nos determina son las circunstancias. Al contrario, las circunstancias son el dilema ante el cual tenemos que decidirnos. Pero el que decide es nuestro carácter”.

De esta manera, creo firmemente que TODOS Y CADA UNO DE NOSOTROS, DESDE NUESTRA MODESTA PERO IMPORTANTE POSICIÓN, CUANDO MÁS SI PRETENDEMOS SER LÍDERES, DEBERÍAMOS ASUMIR NUESTRA RESPONSABILIDAD MAS ALLA DE LA ETICA DEL DEBER, y además contribuir a despertar a la clase intelectual –a los verdaderos intelectuales- y a quienes mayores ejemplos y muestras de amor dan a diario, para que entre unos y otros alcen la voz y remuevan las conciencias de nuestra sociedad adormecida.

Como líderes, DEBEMOS ASPIRAR A TRASLADAR ESE MENSAJE A NUESTROS SEMEJANTES, PARA QUE QUIENES DEBERÍAN GOBERNARNOS, ASUMAN EL CONTROL DE LA SITUACIÓN; PARA QUE EL EJEMPLO A SEGUIR SEA EL ADECUADO; PARA QUE DE NUEVO EL RUMBO DE LA SOCIEDAD Y DEL SER HUMANO SEA EL DE LA EVOLUCIÓN Y NO EL DE LA INVOLUCIÓN. Esa es la luz que debe guiarnos y lo que sí podemos hacer es contribuir a encenderla, a la vez que también la propagamos.

Más allá de lo que cada uno de nosotros podamos hacer desde otros ámbitos, o de aquello que pueda pertenecer a nuestras acciones particulares o privativas, creo que YA ES HORA TAMBIÉN DE QUE LA SOCIEDAD CIVIL EN SU CONJUNTO Y EN PARTICULAR SUS LÍDERES, TRABAJEN EN LA DIRECCIÓN ADECUADA Y DE QUE NUESTRAS VOCES SE SUMEN A LAS MUCHAS QUE YA HAY. DESDE LA GENEROSIDAD Y LA RESPONSABILIDAD, DESDE LA EXPERIENCIA Y EL CONOCIMIENTO Y SOBRE TODO, DESDE LA INTELIGENCIA Y EL AMOR, PODEMOS Y DEBEMOS CONTRIBUIR A PROVOCAR ESA NECESARIA Y URGENTE REGENERACIÓN SOCIAL.

Es una oportunidad más que la vida nos esta ofreciendo y NUESTRA MAYOR PROXIMIDAD A LA REALIDAD Y EL HECHO DE SER CONSCIENTES DE LO QUE ESTA OCURRIENDO, DEBERÍA INCLINARNOS A ASUMIR UN MAYOR GRADO DE COMPROMISO. ESA Y NO OTRA ES LA RESPONSABILIDAD QUE IMPLICA EL CONOCIMIENTO. Y CUANDO EL CONOCIMIENTO SE PONE AL SERVICIO DE LA VIDA Y DE LOS VALORES FUNDAMENTALES, ES DECIR DEL BIEN, DE LA VERDAD Y DE LA BELLEZA, ES CUANDO EL SER HUMANO SE ENCUENTRA UN POCO MÁS CERCA DE ALCANZAR LA SABIDURÍA.


“El hombre es un auriga que conduce un carro tirado por dos briosos caballos: el placer y el deber. El arte del auriga consiste en templar la fogosidad del corcel negro (placer) y acompasarlo con el blanco (deber) para correr sin perder el equilibrio”.
Platón


“Mientras las cosas son realmente esperanzadoras, la esperanza es un nuevo halago vulgar: sólo cuando todo es desesperado la esperanza empieza a ser completamente una fuerza”.
Gilbert Keith Chesterton


Por Alberto de Zunzunegui
Escrito en marzo de 2010 para el Curso de Mujer y Liderazgo, de ALITER