martes, 8 de noviembre de 2011

DIBUJAR LA TERNURA

"Marian Espíritu"
Hace más de diez años escribí este artículo para una de nuestras revistas locales en Pozuelo. En estos días en que se inaugura en Zaragoza una nueva exposición de mi querida pintora, coincide también otra campaña electoral. Creo que, tanto los comentarios sobre aquellas elecciones de 1993, como la emoción que siempre dejan en mí no solo los cuadros de Nati Cañada, sino todas las facetas de su personalidad exquisita y arrebatadora, siguen teniendo vigencia y por ello los acerco hoy a ustedes con la convicción de que merece la pena acercarse con la mirada limpia a esta magnífica pintora, y con consciencia plena a las urnas el próximo domingo, 20 de noviembre,                                   


Ahora, cuando todo el mundo habla de pacto social; de rápidas respuestas; de enmendar errores; de situaciones límite; de crisis de la crisis; de arrepentimientos tardíos y de otros temas similares con acento más o menos catastrofista, a mí, que con otros tantos amigos-compañeros dediqué casi un mes a intentar contarles como se podría poner remedio y empezar a remendar entre todos el descosido de nuestra piel de toro, a mí que junto; detrás; delante; en medio o acompañada de otros -como ustedes quieran-, me desgañité por calles plazas y mercadillos anunciando la "mala nueva" que se avecinaba, consiguiendo que se oyera mi plática -aunque los posteriores resultados electorales confirmaran que pocos la habían escuchado-. En fin, a mí hoy todas estas propuestas me suenan a música trasnochada, torpe y festivalera o sea; a mala música. No sé con cual de uno u otro partido se van a grabar finalmente los "duets", "trios" o "quartets" políticos. Sea como fuere les aseguro que me quedo con los de Frank Sinatra. Será, quizá, porque confío más en "el de los ojos azules" ya que conozco y tarareo cada una de sus canciones desde mi niñez hasta hoy, y nunca me ha ofrecido un producto en malas condiciones. Por ello, aunque su pareja en el dueto -los franceses dicen "partenaire"- sea, más o menos, de mi gusto tengo la garantía previa de que el cincuenta por ciento del resultado será, cuando menos, agradable al oído. ¿Me explico?

Lo que parece evidente es que a partir de ahora vamos a tener que recurrir, por no tener un duro, al disfrute de todas aquellas cosas hermosas que costaban poco como la ilusión; la alegría; el cariño; una tertulia con menos güisqui y más chocolate con churros; un libro; una canción; un cuadro...Hablando de cuadros, quería contarles que hace unos días acudí a una sala de exposiciones a disfrutar con la obra de una ilustre convecina nuestra. A poco de llegar los ojos se me llenaron de paz y el alma de sosiego y supe que no me hubiera importado nada quedarme a vivir entre cualquiera de las arrugas del hilo bordado o en la esquina de alguna de aquellas servilletas sin rematar. Me habría escondido complaciente entre las vainicas, el almidón, los frutos pálidos o la blancura-ocre de la serenidad que fuera habíamos perdido y que inundaba toda la sala. Me llegó el aroma irrepetible de casa de las abuelas y hubiera deseado poder llamar a la puerta de ese lienzo, al que su autora llama "Encuentro", para pedir a alguna de las cuatro mujeres que habitaban en él que me alquilaran, a precio módico, un cachito de nube desocupada para pasar con ellas ese espacio de tiempo desconocido que llamamos eternidad. 


"Encuentro"
"Ropa Tendida"
"Rosas Tristes"
Al cabo de un rato comprendí que debía volver a la realidad porque, en medio de tanto desastre, no todo estaba perdido. Mientras quedara un ser humano capaz de sobreponerse al fracaso y al desánimo y ofrecer el fruto hermoso de su obra y de su lucha; mientras alguien fuera capaz de engendrar, a más de un hijo, un instante de luz o una sonrisa transparente; mientras quedara un lugar donde serenarnos y tomar aliento, merecía la pena no tirar la toalla o, en caso de gran apuro...dársela a nuestra convecina para que, con cuatro pinceladas, la convirtiera en algo suave, mullido y soportable; para que con la magia de sus dedos   reflejara en ella el rostro de la esperanza; para que la embebiera de ese hermoso gris, blanco, y ocre con los que Nati dibuja más que cuadros. Dibuja la ternura.

Por Elena Méndez-Leite